Empresas se aprovechan de la necesidad económica de la vejez en México

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En México, el esfuerzo por aprovecharse de la capacidad de los adultos mayores viene disfrazado de apoyo social. En cada visita a un supermercado nacional se pueden ver a filas de mexicanos durante la vejez que acomodan productos en bolsas de plástico con la premisa de que los clientes les dejen alguna moneda. Al salir, en el estacionamiento, también una persona de la tercera edad vigila los autos esperando alguna propina a cambio.

Vivimos en una sociedad que ha alterado el discurso de la explotación laboral y la ha querido vender como apoyo a mexicanos con tiempo libre. Después de décadas trabajando en oficinas, instituciones, como obreros o empleados, los adultos mayores en México no pueden conseguir una estabilidad económico incluso después de los sesenta años. Para sobrevivir, millones de ancianos en nuestro país tienen que salir a trabajar a diario, sin prestaciones ni salarios fijos.

Se ha romantizado la idea de que un adulto mayor trabajando es un ejemplo de superación y ganas de salir adelante. La realidad es otra: las pensiones en México enfrentan cada vez más problemas y no pueden darle a los ancianos una vida digna, por lo que no es difícil encontrar a personas de más de ochenta años laborando en jornadas de ocho horas diarias. Estos abusos se han fomentado desde el gobierno. El Inapam (Instituto Nacional de las Personas Adultas) ofrece bolsa de trabajo para adultos mayores en México.

El problema no es que la tercera edad quiera conseguir trabajo. El asunto es que en México es prácticamente encontrar un empleo con prestaciones, seguro médico y salario fijo para personas que rebasan los cincuenta años. En miles de vacantes se deja bien claro: los puestos aceptan a personas hasta los 40 o 45 años, máximo. ¿Y los demás? Se supone que un país en vías de desarrollo como México debería al menos garantizar pensiones adecuadas para que los adultos mayores no tengan que trabajar en una etapa de sus vidas en donde el cuerpo ha dado su máximo hace décadas.

Por lo tanto, exprimir la capacidad de un anciano no es algo digno de aplausos. Hace unos días brilló la noticia del primer local de Starbucks que ha empleado en su totalidad a adultos mayores. La noticia se vendió como un ejemplo de cómo las industrias multimillonarias confían y dan empleos a personas que generalmente son relegadas en el mercado laboral. Lo que no se dice es que se les pagarán salarios mínimos a personas que no pueden sobrevivir con su pensión.

Se sabe que en México el 26% de sus ancianos no gozan de ninguna pensión. Además, como ya habíamos informado, existen casos de personas pensionadas de 83 años de edad que trabajaron durante 30 años y reciben un ingreso quincenal de mil 245 pesos, es decir, 83 pesos diarios. Esto mientras expresidentes o magistrados pensionados reciben mensualmente cifras que rebasan los 200 mil pesos.

El colmo de este cinismo lo podemos encontrar en las bolsas de trabajo del Inapam. Es aquí en donde el gobierno federal de Enrique Peña Nieto presume su alianza con supermercados para darle empleo a personas de sesenta años o más que “deseen ocupar su tiempo libre” guardando productos en bolsas a cambio de una propina. Lo que se oferta como trabajo es en realidad una forma de explotación laboral común en la cadena de tiendas Chedraui, (entre otras) en donde no hay contratos, seguro médico o prestaciones para ningún adulto mayor.

En lugar de incrementar el ingreso en las pensiones de los ancianos en México, el gobierno federal ha invertido millones de pesos en la creación de publicidad y programas para reinsertar a los adultos mayores en puestos de trabajo. La intención, pareciera, es agotar su fuerza laboral para que varias empresas sigan generando ganancias enormes a costa de explotar la capacidad de la vejez mexicana. Y es que el 45% de los adultos mayores recibe una pensión de 536 pesos mensuales, un monto completamente inútil para sobrevivir en el país.

Para el primero de diciembre de 2018, el futuro presidente de México ya planea duplicar las pensiones a adultos mayores en todo el país. Este programa ya lo había impulsado López Obrador como jefe de gobierno capitalino y se espera que el incremento se plasme en todo el país. Y es que de no cambiar el sistema de pensiones, seguiremos enterándonos de historias en donde una empresa millonaria de “confianza” y “apoyo” a adultos mayores, cuando en realidad se aprovechan de su necesidad económica para hacerlos trabajar a pesar de su edad.