El contubernio entre la salud pública y Coca Cola

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Una investigación llevada a cabo por el portal, Sin Embargo, dio a conocer los nexos que existen entre la Coca Cola y el Centro de Control de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos. Fue gracias a la información recopilada en el Acta de Libertad de Información de los Estados Unidos que se descubrió la comunicación entre la empresa refresquera y el órgano encargado de la salud de los Estados Unidos. De igual manera se pudo saber cómo se copto al sistema de salubridad de China para evitar la imposición de regulaciones en las bebidas azucaradas, aún con una epidemia de obesidad en el país asiático.

De cómo Coca Cola busca generar desinformación sobre el azúcar.

Los correos, que datan de 2015, dejan entrever cómo tanto el CDC y la Coca Cola trabajaron codo a codo para defender los intereses de la mayor empresa de bebidas azucaradas del mundo. El objetivo de la empresa era desviar la atención de las bebidas azucaradas como el principal responsable por la ingesta de azúcar en la dieta del vecino del norte.

A través de la comunicación entablada entre Alex Malaespina, ejecutivo y estratega de Coca Cola y la Dra. Barbara Bowman, quien fuera directora de la CDC en aquel año, se supo que la Coca Cola estaba inconforme sobre la postura de la Organización Mundial de la Salud (OMS) respecto a las bebidas azucaradas. Malaespina se mostraba preocupado por la declaración de la directora de la OMS, la Dra. Margaret Chan sobre el promover la reducción del consumo de bebidas azucaradas a través de impuestos (a estas bebidas).

Y es que apenas en 2014, un año antes, el vecino de los Estados Unidos, México, había fijado un elevado impuesto en las bebidas azucaradas en su afán de mitigar la epidemia de obesidad que atravesaba el país. La Coca Cola temía que el impuesto establecido en México incrementara al 20% en respuesta a las recomendaciones de la OMS y que este modelo fuera copiado alrededor del mundo.

En un correo, se puede ver que Malaespina le escribe a Bowman lo siguiente: “¿Alguna idea de cómo contactar a la OMS? Ahora ellos no quieren trabajar con la industria. Ella (la Dra. Chan) es influenciada por el gobierno chino y está en contra de los Estados Unidos. Algo debe hacerse.” Los correos dan a entender una familiaridad entre ambas partes, así como una colaboración entre ambos por los intereses de la refresquera. En respuesta al correo, Bowman le proporcionó a Malaespina algunos contactos en la oficina local de la OMS, así como sugirió contactar a Bill Gates (quien, hasta hace unos años, tenía acciones en The Coca Cola Company).

Y es que el registro de actitudes poco éticas por la empresa estadounidense han sido registradas en diversos hechos recientes. Por ejemplo, en 2016 tanto PepsiCo y Coca Cola financiaron a 96 organizaciones nacionales de la salud, al mismo tiempo que cabildeaban en contra de iniciativas para reducir el consumo de las bebidas azucaradas en la mayor economía del mundo. Durante ese mismo año, la revista JAMA International Medicine expuso a la luz pública, la estrategia de la industria refresquera para poner en duda los daños del azúcar a la salud y de poner en el foco de atención, como chivo expiatorio, a las grasas. La industria quiso hacer ver a las grasas como el principal culpable de los ataques al corazón en vez del azúcar, a pesar de que esta (el azúcar) es la principal causa de enfermedades al corazón después de los 50 años.

(National Review) El contubernio entre el CDC y Coca Cola podría haber bloqueado la imposición de impuestos a las bebidas azucaradas en los Estados Unidos.

La situación de China.

China es un mercado irresistible para la mayoría de las empresas, especialmente para Coca Cola. Con 1 mil 400 millones de habitantes y tasas de crecimiento superiores al 6% anual, es un “must” para la refresquera. Sin embargo, su paso ha dejado estragos en la salud de los chinos, dónde la obesidad se duplicó al pasar del 20.5% en 1991 a 42.3% en 2011. Sin embargo, Coca Cola lleva en el mercado chino desde 1979 ¿Por qué a partir de los 90s las cosas fueron diferentes? La estrategia de la empresa para evitar afectaciones por parte de las políticas de salud del gigante asiático es la razón principal.

En 1999 The Coca Cola Company funda el International Life Sciences Institute (ILSI) en China, una fundación de la empresa encargada de promover y argumentar que los productos de la empresa no hacen daños significativos a la salud. Básicamente es un ente encargado de simular ser independiente, cabildear entre los académicos, el gobierno, hacer reportes, foros, y muchas otras cosas más, para generar dudas sobre el daño del azúcar en la salud, para desinformar.

Con el fin de dar credibilidad a su dicho, el ILSI de China, contrató a Chen Chunming, quien fuera presidente de la academia China de Medicina Preventiva y uno de los nutricionistas chinos más destacados. Con credenciales que lo acreditaban como ex trabajador de una de las entidades gubernamentales más destacadas en materia de salud, el ILSI tenía paso libre para ganarse la credibilidad del público chino.

De acuerdo con la académica de Harvard, Susan Greenhalg, esto le permitió al Instituto se presentarse a si mismo (en sus palabras) como un “puente entre el gobierno, la academia y la industria, proveyendo la información científica más avanzada para tomar decisiones en políticas de nutrición, especialmente obesidad y desarrollo infantil, seguridad en alimentos y prevención y control de enfermedades crónicas”.  Sin embargo, la realidad distaba mucho de eso, hoy China es una de muchas naciones que sufren epidemias de obesidad y sobrepeso, que están cobrando millones de vidas alrededor del mundo.

(Business Insider) Entre 1991 y 2011, la obesidad en China prácticamente se duplicó.

Cofepris y Coca Cola

Sin embargo, quizá el caso más incómodo en años recientes para Coca Cola ha sido en México. La empresa estadounidense posee en México el mayor mercado per cápita de refrescos en todo el mundo, el país es una mina de oro para la empresa. Casi por obviedad, el país vive una severa crisis de salud pública dónde la diabetes, obesidad y el colapso del sistema de salud conviven en una mortal combinación que está destruyendo la salud de los mexicanos.

El contubernio entre la Cofepris y Coca Cola es quizá uno de los principales responsables de que el Sistema Nacional de Salud no se pueda dar abasto. La estrategia contra la obesidad fracasó en gran medida por el etiquetado, que no advierte de forma clara, qué es lo que consumimos y en qué proporciones. A esto se sumaba que los niveles de azúcar manejados distaban mucho de lo recomendado por la OMS como saludable. La situación llegó al punto que el Instituto de Salud Pública del país, terminó por concluir que era mejor no tener un etiquetado frontal a tenerlo, pues podría ser contraproducente.

La situación mexicana es similar a lo que sucedió en China con el ILSI. La industria alimenticia y refresquera cabildeó la creación de un organismo para la evaluación de políticas públicas para el combate a la obesidad dónde fueron excluidos casi todos los institutos nacionales de salud, incluyendo al Instituto Nacional de Salud Pública, dejando fuera a cualquier argumento científico y crítico contra la industria refresquera.

Los intereses de la industria refresquera en México, quizá una de las más poderosas en todo el país junto con las telecomunicaciones, llegó al punto de que se acusó al gobierno de utilizar a Pegasus, el avanzado software de espionaje para vigilar a activistas de El Poder del Consumidor. R3D Red en Defensa de los Derechos Digitales documentó cómo el gobierno de Enrique Peña Nieto se encargó de vigilar a activistas y organizaciones civiles a favor del impuesto a las bebidas azucaradas con el fin de proteger a la industria refresquera.