Nadie se hace cargo: el PRD se queda sin cabeza hasta abril del 2019

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El perredismo nunca había vivido una crisis tan larga. De repente, el partido que estuviera a nada de quedarse con la presidencia de México en dos ocasiones no encuentra un líder con la fuerza suficiente como para calmar las tribus internas y renovar al sol azteca de cara a las elecciones que se vienen en 2019 y 2021. Con problemas internos severos, crisis económica y falta de líderes populares, el PRD aplaza hasta el 2019 la búsqueda de un perfil ideal.

En una reunión llena de gritos, consignas y problemas, los perredistas de todo el país se reunieron para echarse la culpa después de la tremenda derrota que les aplicó la ciudadanía el primero de julio. Uno de los errores que más se les critica es impulsar la agenda de un panista poco carismático para la contienda presidencial. A Ricardo Anaya no lo votaron ni los panistas, mucho menos los perredistas más sólidos.

El XV congreso nacional del PRD dejó ver problemas de organización y alegatos sobre quién dirigirá de aquí a abril del 2019, cuando se elija mediante voto secreto al nuevo presidente del perredismo nacional. Mientras algunos querían ver a sus líderes en la cabeza permanente del partido, algunos más, la mayoría, votaron por crear una “dirección nacional extraordinario”, que decidirá el rumbo del sol azteca hasta la elección definitiva. Para cuando los perredistas voten a su nuevo líder, Morena ya tendrá casi un semestre en activo como gobierno federal.

Esta falta de capacidad para organizarse deja al partido completamente débil para liderar lo que han prometido como una oposición sólida en contra de las imposiciones de López Obrador y su partido en las cámaras legislativas. Y es que de momento no hay nombres de peso para liderar al perredismo que aún sufre de divisiones internas claras y renuncias de personajes históricos del partido que creó Cuauhtémoc Cárdenas hace décadas. Después de perder la Ciudad de México y no hacerse con ninguna gubernatura, además del desastre presidencia, el PRD realmente no tiene un plan a futuro.

Por lo tanto no habrá una línea de gobierno sólida hasta terminar el primer semestre del 2019. Tampoco es que la llegada de un nuevo líder al PRD solucione de inmediato las cosas. Recordemos que la enorme cantidad de tribus internas han hecho de este partido uno de los más divididos en la historia de México. Los conflictos entre estas pequeñas fuerzas han generado desde discusiones hasta golpes. La llegada de un nuevo líder da a entender que ciertos grupos serán representados y otros no, agravando los distanciamientos.

Tan solo el nombramiento de la dirección extraordinario ya generó protestas dentro del perredismo. Los grupos más radicales aseguran que esta forma de representación puede provocar nuevas coaliciones que no respeten los estatutos del perredismo de origen. Para el PRD resulta difícil aceptar que apoyaron a un panista sin personalidad en la lucha por la presidencia. Muchos pensaban que había opciones más interesantes para que el PRD luchara por sí solo por la presidencia, se anotaron desde Graco Ramírez, pasando por Miguel Mancera hasta Silvano Aureoles, los tres con mucho más apoyos que Ricardo Anaya.

Así que el PRD no tendrá una cabeza sólida para defender sus intereses dentro del nuevo gobierno de izquierda. López Obrador parece que tendrá las cámaras legislativas a modo. Con el PAN dividido y peleando por dentro, el PRI con representantes suficientes para llenar un elevador y el PRD separado, parece que los morenitas no tendrá rivales con voz suficiente para frenar sus intenciones reformistas.