El fraude en la venta de pescados podría afectar al 30% de los consumidores

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El escándalo de las marcas de atún envasado que fueron descubiertas por utilizar hasta 62% de soya en sus productos ha puesto una severa duda en la industria pesquera, ¿los consumidores compran lo que pagan? Al parecer en México pagar gato por liebre es más común de lo que se cree.

La venta de mariscos es una actividad económica que representa unos 11 mil millones de pesos al año, la diversidad de las especies es tal que no faltan los casos en los que el comprador paga por una especie y le dan otra, pero un estudio de la organización Oceana da muestras de ciertas conductas sistemáticas en el mercado mexicano que podrían ser juzgadas como un fraude al consumidor.

Oceana es una organización que busca la conservación de los océanos y sus especies, en su estudio muestra cómo en el país es común la práctica de sustitución de pescados con la que, solo por mencionar un caso, mientras los comensales eligen marlín lo que en realidad reciben la mayoría de las veces es atún ahumado.

Este tipo de sustitución ocurre en restaurantes, pescaderías y supermercados. Las sustituciones ocurren con los pescados más conocidos, como el mero, la basa, el huachinango, el bagre, el bandera o el dorado.

Una muestra representativa

El estudio de Oceana se llevó a cabo en 133 establecimientos, pescaderías, supermercados y restaurantes, en la Ciudad de México, Cancún (Quintana Roo) y Mazatlán (Sinaloa). Se analizaron 383 muestras (123 muestras en Mazatlán, 153 en la Ciudad de México y 107 en Cancún) y sus respectivos resultados , no alcanzan a ser representativas de todo lo que se conoce como sistema de “pesquería” mexicano, pero alcanzan para tener un diagnóstico de lo que podría estar sucediendo en el mercado nacional.

Fueron recolectadas muestras, y luego se comparó el nombre comercial de cada pescado a la venta con el nombre científico, a partir de la información genética.

El resultado fue, en promedio, de un 31% de sustitución de especies —en total fueron identificados 116 casos de sustitución—.

En al menos una de cada tres ventas hubo gato por liebre: la gente pidió un tipo de pescado, y en realidad pusieron una especie distinta en su plato. Con diferencias de precios, en algunos casos, de más de 200 pesos.

En general, en donde se presentó el nivel más alto de sustitución fue en las pescaderías, con un 36.5%; en segundo lugar los restaurantes, con 33.5%, y en tercer sitio los supermercados, con 16.5%.

En cuanto a especies, en las tres ciudades las cinco más sustituidas fueron marlín, con un nivel de sustitución del 95%; sierra (89%); mero (87%), huachinango (54%) y robalo (53%).

Al analizar cada una de las ciudades, la Ciudad de México tuvo un nivel general de 34% de sustitución, con el dorado (85%), huachinango (78%), mero (100%), robalo (50%) y marlín (83%) como los pescados más sustituidos.

En Cancún, el porcentaje de sustitución en general fue de 26.5%; el marlín (100% de sustitución) y el mero (80%) fueron las especies más sustituidas.

Por último en Mazatlán, Sinaloa, el promedio general de sustitución fue de 31.6%, siendo los pescados con más sustitución el marlin (100%), la sierra (100%) y el pargo (50%).

El que pierde es el consumidor

Las cifras del estudio son un llamado de atención tanto para autoridades, gente en el negocio de la venta de pescado y consumidores, sobre las flaquezas de la cadena de vigilancia para los productos marítimos, y cómo esto puede “invisibilizar” que hay carencia de ciertas especies en México.

Además del daño a las especies, cambiar el producto que se oferta es una violación al artículo 32 de la Ley Federal de Protección al Consumidor, que establece que la información o publicidad relativa a bienes, productos o servicios que se difundan por cualquier medio o forma, deberá ser veraz, sin inducir a error o confusión.

En tanto, en el Reglamento de la Ley Federal de Protección al Consumidor se menciona que serán conductas o prácticas comerciales abusivas las que “violen los derechos que la Ley otorga a los consumidores en virtud de su realización de manera engañosa, excesiva, arbitraria o indebida”.