Peña Nieto y los tatuajes más pequeños del mundo

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Los escándalos de la familia presidencial mexicana son bastante predecibles. Las revistas de sociales en México han sabido sacarle jugo a un modo de vida en donde presumir la mayor cantidad de lujos en el menor tiempo posible parece ser la única misión en seis años. Pero pocos saben que gracias a revistas como ¡Hola! se supo del escándalo de la Casa Blanca.

En México, la vida de la familia presidencial solamente le interesa a su círculo cercano. Al resto de los mexicanos solamente le llega a interesar la información cuando va atada al escándalo. La primera dama y sus hijas comen en un restaurante costoso en París y la noticia brilla porque sus elementos de seguridad le piden a un periodista que borre las fotos. Ahora, la visita de un tatuador extranjero en Los Pinos molesta porque surge justo después de que Enrique Peña Nieto ha salido a decir que la prensa le metió el pie al acusarlo por una mansión millonaria.

El hombre que ha llegado a cobrar 19 mil pesos por tatuaje deja ver el poder de las hijas del presidente mexicano para despilfarrar dinero. Con algunas fotos en Instagram, se alcanza a ver cómo la familia presidencial invirtió fuerte en tatuajes diminutos que fácilmente puede realizar un novato. Para burlarse del tamaño y dificultad de los tatuajes, en México se creó el hashtag #JonBoyChallenge, en donde queda claro que la noticia del artista en la casa presidencial fue muy mal recibida por los mexicanos.

Pero hay algo de fondo, detrás de todo el tema de los tatuajes está un intento por desviar la atención. Después de que el presidente ha aprovechado cada minuto posible en televisión para defender sus reformas estructurales, su polémica Casa Blanca y la insistencia de que los estudiantes de Ayotzinapa fueron quemados, este tipo de polémicas relacionadas con sus hijas le quitan presión a la imagen presidencial.

Ya ha sucedido. La línea presidencial siempre ha realizado una polémica para tapar otra. Cuando la Casa Blanca fue descubierta, el presidente obligó a Angélica Rivera, su esposa, a salir a declarar y jalar la atención hacia ella. Lo cierto es que a Peña Nieto le enfurece que lo relacionen con el escándalo y el derroche de recursos, a pesar de que esta es prácticamente su línea de trabajo desde antes de llegar a la presidencia.

Por otro lado, es cierto que a las hijas de Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera les gusta ostentar su estilo de vida en redes sociales y revistas de entretenimiento. Hay muy poca sensibilidad social en el entorno de la familia presidencial, por lo que no les importa presumir viajes constantes al extranjero, joyas, lujos y aparecer en escenarios llenos de riqueza. Lo cierto es que tienen la capacidad económica para lograrlo, pero no hay intención alguna de no presumirlo a un país sumido en la pobreza.

Mientras el presidente Peña está tratando de resolver los escándalos de un sexenio en apenas tres meses, las muestras de derroche de él y su familia continuarán apareciendo. Y es que el estilo de vida de los priistas en las últimas décadas ha sido todo menos austero. Acostumbrados a presumir fotos con famosos, experiencias con las élites del mundo y visitas a los sitios más caros del planeta, han contribuido a que la política le de vida a la prensa de sociales.

Con esto se logra una buena estrategia: distraer a los mexicanos con un tema de riqueza, mientras los agravios políticos y sociales se minimizan. Mostrando una decena de fotos de un tatuador contratado por las hijas del presidente mexicano, se intenta distraer a la ciudadanía de temas como la corrupción y Ayotzinapa. El repudio también es una estrategia política.