El ejército de Myanmar está asesinando a los rohingya, mujeres y niños musulmanes | BREAKING

El ejército de Myanmar está asesinando a los rohingya, mujeres y niños musulmanes

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Ningún niño debería ver cómo el fuego devora su hogar y todo lo que alguna vez lo hizo feliz. Los gritos, las lágrimas y la desesperación son el nuevo lenguaje con el que cientos de miles de birmanos están figurando en el panorama internacional. En esta nación perteneciente al continente asiático, se está viviendo la «crisis de refugiados de más rápido crecimiento en el mundo», dice la ONU.

Todo inició hace décadas, cuando en Myanmar surgió un grupo musulmán llamado rohingya. Esta población creció tanto, y de manera tan acelerada, que se contaba ya entre el millón para inicios de este año. Son una de las muchas minorías étnicas del país. Los rohingya representan el mayor porcentaje de musulmanes en Myanmar, y la mayoría vivía en el estado de Rakhine.

Y es justo en Rakhine donde empezó la represión que derivó en esta crisis de refugiados. El ejército de Myanmar ha arremetido en contra de este grupo considerado inmigrante dentro del país. Y es que no buscan simpatizar con los locales. Los rohingya tienen su propio idioma y cultura, además, dicen que son descendientes de comerciantes árabes y otros grupos que han estado en la región por generaciones. Como todo conflicto entre etnias, cada parte dice ser más antigua que la otra.

En los enfrentamientos entre el ejército de Myanmar y los militantes rohingya es donde empezaron a verse afectados los civiles. Human Rights Watch y Amnistía Internacional tienen datos satelitales de todas las comunidades rohingya que fueron quemadas en su totalidad para tratar de impedir el crecimiento de esta etnia. El resultado ha desatado una crisis de refugiados que rebasa ya el medio millón de personas.

Al menos 288 aldeas fueron destruidas parcial o totalmente por los incendios en el estado de Rakhine después de agosto de este año, según un análisis basado en imágenes satelitales de Human Rights Watch. Además, Amnistía Internacional afirma que el ejército de Myanmar ha matado a cientos de rohingyas, violado y maltratado a mujeres y niñas durante estas “operaciones de limpieza”.

La líder de Myanmar y premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, no ha querido tocar el tema de la violencia y la crisis de refugiados en su país. “Las fuerzas de seguridad han recibido instrucciones de adherirse estrictamente al código de conducta a la hora de llevar a cabo operaciones de seguridad; deben comportarse con la mesura debida y adoptar las medidas necesarias para evitar daños colaterales y perjudicar a civiles inocentes”, dijo.

Aung San Suu fue reconocida en 1991 con el premio Nobel de la Paz y ahora miles de académicos, políticos y organizaciones humanitarias solicitan que la academia sueca le retire el título gracias a que la lideresa birmana ha hecho oídos sordos al éxodo masivo de rohingyas en Myanmar y la violencia que han sufrido en su peregrinar.

Todo sucedió en menos de un año

Y es que todo ha pasado muy rápido. Entre febrero y agosto del 2017, el número de refugiados derivados de esta “limpia” ha aumentado a niveles alarmantes. Antes de agosto, ya había alrededor de 307 mil refugiados rohingya viviendo en campamentos, asentamientos improvisados ​​y en comunidades que les dieron acogida, señala el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Ahora, el número de personas involucradas se acerca a los 600 mil.

De los 537,000 refugiados que llegaron desde agosto, el 58% son niños, mientras que el 60% de los adultos son mujeres. En el trayecto de sus pueblos quemados hasta los refugios oficiales que se encuentran saturados, estos niños y mujeres han sufrido enfermedades, violaciones, hambres, desapariciones, humillaciones e incluso asesinatos. En Bangladesh, país vecino, funcionarios del gobierno denuncian que se han colocado minas antipersona en el lado birmano de la frontera para impedir el paso de los refugiados.

El gobierno de Myanmar niega absolutamente todo y también impide la entrada de ayuda humanitaria a su territorio. Por lo que resulta imposible saber exactamente cuántas personas están reunidas en estos campos de refugiados y cuántas más han sido violentadas o asesinadas. El campo de refugiados más grande se llama Kutupalong, pero debido al poco espacio del lugar para albergar a tanta gente, han surgido asentamientos espontáneos en los alrededores y en la zona cercana de Balukhali a medida que los refugiados siguen llegando. La cifra asciende cada día.

El tema ya escaló a lo internacional

Unicef ya ha hecho un llamado para que se ponga fin a las atrocidades contra los civiles en el estado birmano de Rakhine. Aunque la opinión internacional ya está empezando a protestar contra la crisis de derechos humanos a esta etnia musulmana, el gobierno intenta apaciguar las cosas de la manera más rápida posible, negando vejaciones y abusos de autoridad. Siempre sacando el tema de que son una sociedad claramente budista e incapaz de fomentar el abuso a la humanidad.

“Se tomarán medidas contra los responsables de violaciones de los derechos humanos, con independencia de su religión, raza o posición”, dijo la Dama, como le gusta que le llamen Aung San Suu Kyi. Su intención es la de evitar conflictos internacionales derivados de esta crisis acelerada. Estados Unidos ya se posicionó en contra del conflicto y China hizo lo opuesto. Lo que pasa es que Myanmar no ha dejado de ser una nación controlada completamente por la milicia, y esta limpieza es un claro ejemplo de que aún se vive una crisis democrática en el país.

El tema continúa creciendo sin que se vea una solución próxima. En cuestión de semanas, fueron 370 mil rohingya quienes intentaron huir hacia Bangladesh en búsqueda de paz y poner fin a su persecución. Al no permitir ayuda internacional, la crisis de Myanmar podría duplicar la cifra de afectados en cuestión de semanas.

“Las fuerzas de seguridad de Myanmar han emprendido una brutal venganza contra toda la población rohingya, en un aparente intento de expulsarla permanentemente del país. El sacar a la luz estos atrocs crímenes es el primer paso en el largo camino hacia la justicia”, señala Amnistía Internacional.


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