Dan muerte política a Rosario Robles hasta casi 2030, ¿y los demás?

- Por

La secretaria favorita de Enrique Peña Nieto ha quedado fuera de todo cargo público en el país durante una década. Se trata del castigo más fuerte a una figura del PRI en lo que va del siglo y también una muestra clara de que la fiscalía aún no termina con las investigaciones de los rostros favoritos del peñismo. 

Robles se encuentra en prisión sin posibilidad de enfrentar el proceso desde su hogar. Se le investiga a fondo por corrupción y desvío de recursos, una de las prácticas más comunes del sexenio anterior.

Mientras a Enrique Peña se le vio con una peluca, comiendo tranquilamente en Estados Unidos con su novia, su exministra de desarrollo social ve cómo se le enciman las denuncias por irregularidades. 

Nuevas formas en la SFP

Esta inhabilitación para acceder a cargos públicos en México viene directo de la Secretaría de la Función Pública (SFP). La priista ha sido castigada por falsear información en su declaración patrimonial.

Robles aseguró públicamente y ante notario que vivía en el mismo hogar desde hace décadas, y hace poco se supo que un colega del PRI le prestó una propiedad de lujo para habitarla en los últimos años. 

La encargada de la SFP dejó en claro que este castigo forma parte de una nueva forma de aplicar la ética pública en México.

Lo cierto es que se han acumulado procesos en contra de la priista, pero el resto de funcionarios de la era Peña Nieto siguen libres. Emilio Lozoya es buscado en todo el planeta y las causas contra Antonio Meade, Luis Videgaray o Ruíz Esparza o avanzando lento o simplemente se desechan. 

Faltan muchos priistas

Incluso los discípulos de Rosario Robles en las dos secretarías que tuvo a cargo están librando la prisión. Hace poco un juez blindó a Emilio Zebadúa y Ramón Sosamontes, dos personajes que ayudaron a la priista a desviar 5,000 millones de pesos. Cuando Robles quiso librarse de la misma forma, se le negaron las posibilidades. 

La defensa de Rosario asegura que se falsificaron documentos para detenerla, pero al poco tiempo renunciaron por falta de pagos. Los nuevos hombres a cargo del caso de la priista ya se mueven bajo la narrativa de que se vivió una muestra clara de persecución política.

Mientras los castigos se acumulan en la espalda de Robles, el resto de los peñistas sonríen en alguna parte del mundo, muy lejos de las cortes mexicanas.