Iglesia católica permitirá que hombres casados sean sacerdotes, pero…

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La Iglesia católica parece comenzar a entender que necesita una modernización urgente o estará condenada al olvido, por ello, ya se comienza a plantear dentro de su cúpula que los hombres casados puedan ser sacerdotes, aunque la aplicación tendría que ser progresiva.

La idea surgió específicamente para que varones casados de edad avanzada puedan acceder al sacerdocio con tal de cumplir las necesidades de personas indígenas y católicas que viven en áreas remotas de la Amazonía.

El planteamiento de los jerarcas católicos se debe a que el aumento de sus feligreses está enfocado en el hemisferio sur del planeta, donde según sus datos es donde podrían contar con mayor cantidad de feligreses en el futuro, pero no hay suficientes sacerdotes.

El término en controversia es el de “viri probati”, que se refiere a los hombres de carácter probado para ejercer el sacerdocio. Con la idea de la excepción al requisito del celibato, los expertos eclesiásticos sugieren que se daría un paso para que hombres casados también puedan practicar el sacerdocio en otras partes del mundo.

Aunque para el Vaticano “el celibato es un don para la Iglesia”, las solicitudes para que hombres casados puedan ordenarse proviene de Brasil, para que en las áreas amazónicas más remotas “se estudie la posibilidad de la ordenación sacerdotal para personas ancianas, preferentemente indígenas, respetadas y aceptadas por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable”, sostienen la peticiones.

El papa Francisco había dicho antes que consideraría la posibilidad de hacer la ordenación “viri probati” en áreas remotas e aisladas donde de otro modo no hay acceso a los sacramentos. Sin embargo, también ha dejado claro que el compromiso del sacerdocio con el celibato se mantiene intacto.

El cambio fue introducido en un documento de preparación para un sínodo de obispos en octubre que discutirá las necesidades pastorales de personas indígenas y religiosas en la región panamazónica de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guinea Francesa, Guyana, Perú, Suriname y Venezuela.

La propuesta vaticana también sugiere que la iglesia incorpore las celebraciones de las comunidades indígenas con su “propia música y danza, en lenguas y con vestimentas autóctonas”.