Encuentran a juez con 30 años de servicio que nunca se tituló

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Su nombre, José Refugio Alejandro León Flores; su ocupación, juez de lo penal en Cholula, Puebla. Con más de 30 años de servicio, León Flores fue descubierto a través de una investigación, como un completo fraude. El juzgador, fue el artífice de las sentencias en contra de los presos políticos durante la administración del entonces gobernador, Rafael Moreno Valle.

La investigación de la cual surge esta información está relacionada con la Beca de Periodismo de Investigación sobre la Corrupción en el Poder Judicial. Un apoyo creado por Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) para impulsar la investigación periodística en el país. La información que será presentada a continuación fue creada originalmente por Lado B, un medio de comunicación independiente del estado de Puebla y es el primero de cuatro trabajos ganadores de la beca de MCCI.

El falso juez, el falso título y la falsa cédula

Hace aproximadamente 30 años, en 1989, José Refugio Alejandro León Flores, presentó un examen de conocimientos ante el Poder Judicial del Estado de Puebla. Su objetivo era convertirse en Juez y obtener una plaza. Para ese momento, el joven José, ya llevaba dos años trabajando como secretario de estudio y cuenta de la quinta sala del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Puebla (TSJ). Su labor era sencilla, la redacción de proyectos de sentencia, pero quería más, quería ser juez.

Para el puesto, se presentaron muchos aspirantes, sin embargo, de acuerdo con un informe del TSJ días después del examen, León Flores fue quien obtuvo «las mejores calificaciones». Poco tiempo después, el 1 de julio de 1989, el Tribunal convertiría al joven José Refugio en Juez de primera instancia interino por seis meses. Ese mismo jueves, le tomaron protesta, apenas tenía 32 años y 2 años laborando en el Poder Judicial.

Sin embargo, algo no cuadra en este caso, José Refugio Alejandro León Flores, jamás debió de haber sido juez. ¿La razón? De acuerdo con el artículo 131 de la Ley Orgánica del Poder Judicial del Estado de Puebla, para poder convertirse en juez, era necesario tener el título de abogado, expedido cuando menos con tres años de anticipación a su nombramiento.

Si la falta de cédula no fuera suficiente, León Flores nunca se tituló. Si bien sí estudió la carrera y en la prestigiosa Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) entre 1977 y 1982 y presentó su examen profesional el 8 de diciembre de 1987, jamás se tituló.

Pero en el Poder Judicial sucedió algo completamente diferente. León Flores estaba entregando al momento de ingresar a trabajar, un título y una cédula falsa al Tribunal. Ejerció como juez con documentos falsos, reconoció la BUAP a Lado B, pues negó que este documento (el título) le fuera expedido José Refugio.

En enero de 2018, el propio juez reconoció su falsedad, al momento de enviar un escrito al Consejo de la Judicatura de Puebla. Debido a lo anterior, se abrió un expediente laboral en contra de León Flores (R16/2017). Esto fue gracias a los cuestionamientos iniciados por Lado B a su persona en 2016.

Sin embargo, eso no evitó que el pasado, el entonces juez de lo penal, dictara polémicas sentencias que marcaron al estado de Puebla más de una vez. La luz llegó para muchos con su destitución; omisiones, deficiencias y violencia de género, marcaron las sentencias exhibidas por el Poder Judicial de la Federación.

(MCCI)

El caso de Ricardo Cadena: abuso de autoridad e impunidad

Ocho días después de haber cumplido los 18, Ricardo Cadena fue ejecutado por un uniformado de San Pedro Cholula, Puebla. El perpetrador, el subdirector operativo de la policía municipal, Jaid Mothe, quien, por cierto, era un «distinguido elemento en el uso legítimo de la fuerza y tácticas de intervención policial».

Su hermano Jonathan le dijo antes de que fuera asesinado, que corra. Iba a acompañado de un amigo de ambos. Su hermano Jonathan fue detenido por la municipal, no sabía porque estaba dentro de una patrulla. Momentos después, escuchó una detonación de arma de fuego, mientras un oficial decía nervioso «ya vámonos».

Su amigo Heriberto que al momento de salir corriendo, fueron interceptados por un policía que estaba estacionado detrás de un vehículo. Continuaron corriendo. Heriberto giró la vista para ver a Ricardo que iba detrás de él. Lo único que pudo ver es como Jaid Mothe le apuntaba y le disparaba, mientras segundos más tarde, Ricardo yacía muerto en el suelo.

«Y yo continué corriendo por miedo a que a mí también me fuera a tocar un disparo».

La madre de Ricardo se enteró de su asesinato al llamarlo por teléfono y nunca recibir respuesta, hasta que el médico legista que hacía el levantamiento del cadáver le contestó. Su padre, lo supo en la comandancia, al tratar de sacar a su hijo Jonathan. Su hermano, al salir de ahí. Todo antes de las 6 de la mañana del 3 de mayo de 2015.

Jaid Mothe, el policía que asesinó a Ricardo declaró junto con cuatro policías bajo sus órdenes, que Ricardo, Jonathan y Heriberto, estaban haciendo grafitis, razón por la que se acercaron a detenerlo (el grafiti es considerado delito grave en Puebla por alguna extraña razón). Según su testimonio al acercarse a ellos, supuestamente intentaron fugarse y pretextos como «intentaban fugarse», «fue un accidente», «tomé mis precauciones», abundaron.

Jamás se encontraron pruebas de que hubieran grafiteado una pared. No se encontraron latas de aerosol, manchas en las manos o la ropa de los muchachos, nada. Lo único que había, era un grafiti en la pared que se desconoce quién lo hizo, pero muy improbablemente fueron ellos. Añadido a esto, se probó que el cadáver de Ricardo fue manipulado.

El policía dijo que lo sucedido fue un accidente: «muevo mi mano completa con mi muñeca de la mano y escucho la detonación». Jaid dijo que Ricardo estaba escondido tras un vehículo y al salir lo tacleó. El dictamen de criminalística parece confirmar ese hecho, pues tenía lesiones causadas por un objeto sin filo.

Once personas rindieron su declaración por el caso de Ricardo, cinco de ellos policías, uno Jaid y cuatro de ellos sus subordinados.

No había pruebas contundentes en el caso para comprobar que efectivamente, Ricardo, Jonathan y Heriberto hubieran grafiteado alguna pared. La pericial de balística confirmó que fue el arma de Jaid que lo mató. El dictamen de criminalística afirma la alteración del cadáver por razones ajenas al disparo. Sin embargo, el Juez parece haber visto otra cosa.

(Lado B)

Una sentencia sin sentido de ser

El juez que dictaminó la sentencia es nada más y nada menos que Refugio Alejandro León Flores, acusado de falsificar su título de licenciatura y su cédula profesional. El juzgador, consideró que las declaraciones de los policías tenían todo el sentido posible. A pesar de las contradicciones, lo narrado por Jaid Mothe parecía tener toda la razón a su juicio personal.

Al momento de declarar su sentencia, el juez no consideró ni el testimonio de Heriberto, ni de nadie más. La razón, es que Heriberto no pidió ayuda para su amigo al momento de ser asesinado. «Se desprende que el referido ateste a eludir sus responsabilidades, pues lejos de pedir auxilio en dicho momento por los hechos que narra, o bien para avisar a los padres de la víctima, decidió irse a su casa».

Tampoco tomó en cuenta ni las pruebas del dictamen de fotografía, manchas hemáticas, balística, inspección ocular y de criminalística. ¿La razón? El Ministerio Público no las presentó a tiempo.

Adicionalmente consideró que el acuerdo de retención por caso urgente que ordenó la detención de Jaid Mothe, carecía de los requisitos legales. El juez prácticamente dio por desechada la mayor parte de la investigación y centro su declaración en el testimonio de Jaid Mothe.

El padre de Cadena, Fernando, dijo que el juez consideró que el arma se disparó accidentalmente. «Por más pruebas que haya, por más claro que esté, no hay justicia». Esto considera Fernando, porque es imposible que se pueda reparar el daño. «A mí ya nadie me va a devolver a mi hijo».

Debido a las inconsistencias en la sentencia, Fernando Cadena recurrió al Tribunal de Justicia del Estado de Puebla, buscando minar la sentencia que terminó por favorecer aún más al policía que asesinó a su hijo. Lo único que pidió es que haya más justicia en el caso de su hijo.

El 23 de octubre de 2018, la Primera Sala en materia Penal del Tribunal de Justicia del Estado de Puebla, resolvió la apelación en contra de la sentencia de León Flores. La resolución terminó por concluir que las pruebas determinaban fehacientemente que Jaid Mothe había asesinado simple e intencionalmente a Ricardo Cadena.

El Tribunal determinó que el homicidio fue doloso y no culposo y elevó la condena a 14 años 9 meses de prisión la sentencia en contra de Jaid Mothe, 11 años más que la sentencia que dictó León Flores, hoy destituido por falsificar su profesión.

(Lado B)