Vicente robó equipo médico y desató el Chernobyl mexicano

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En 1977, el Centro Médico de Especialidades de Ciudad Juárez, compró una Unidad de Teleterapia que contaba con una fuente de cobalto-60, material radioactivo. La unidad fue desmantelada y vendida a una fundición, dónde terminó siendo triturada y fundida para la producción de varillas. Meses más tarde, la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardas estaba interviniendo en el lugar de la fundición, se habían liberado cantidades enormes de radiación y cuando menos 1,000 toneladas de varillas fueron contaminadas.

Del hospital a la chatarrería

El Centro Médico de Especialidades de Ciudad Juárez, en el Estado de Chihuahua, adquirió en 1977, una Unidad de Teleterapia. Esta unidad estaba equipada con una fuente de cobalto-60, un material radioactivo. Sin embargo, lo que el Centro Médico no consideró, es que, para manejar un dispositivo de este tipo, que utiliza la radiación para la destrucción de tumores, se requiere de personal especializado con autorización del entonces Instituto Nacional de Energía Nuclear (INEN), hoy ININ.

Evidentemente, al no avisar la adquisición del equipo, el hospital nunca pudo conseguir personal para operar el equipo, por lo cual decidió abandonarlo. El nosocomio almacenó sin protección o advertencia alguna el equipo en una bodega, dónde permaneció abandonado por 6 años.

Centro Médico de Especialidades de Ciudad Juárez, Chihuahua.

Fue en 1983 cuando un técnico de mantenimiento de nombre Vicente, tomó la decisión de desarmar el equipo y venderlo como chatarra al Yonke, nombre que reciben las chatarrerías en el norte del país. Durante el traslado de la maquinaria al Yonke Fénix, Vicente y su amigo Ricardo, decidieron perforar el equipo, haciendo que se derrame el material radioactivo en su interior. Pidieron ayuda a otra persona para trasladar el equipo, mismo que continuó esparciendo por toda la calle, el material radioactivo. Finalmente fue entregada al Yonke.

Unas varillas y la emergencia nuclear

Ya recibido el equipo, el Yonke decidió que lo adecuado sería demolerlo y fundirlo con el resto de la chatarra. Posteriormente, el metal sería vendido a empresas fabricantes de acera para hacer material de construcción, especialmente varilla corrugada para la construcción. Hasta ese momento, se desconocía que es lo que estaba sucediendo.

Dos meses después, el 16 de enero de 1984, un camión circulaba en las carreteras del estado fronterizo de Nuevo México, en los Estados Unidos. El vehículo, transportaba varilla producida por la empresa Achisa. Por azares del destino, el camión se extravía y termina cerca del Laboratorio Nacional de Los Álamos, que cuenta con diversos detectores de radiación en sus alrededores. Las alarmas sonaron y el camión fue detenido.

Días después el gobierno de los Estados Unidos, determinó que, a través de las investigaciones, la varilla contaminada provenía de la empresa Aceros de Chihuahua S.A. de C.V. o Achisa. Dicha empresa era el cliente principal del Yonke Fénix. Por tal motivo, notificaron a las autoridades mexicanas, de que el material radioactivo estaba siendo distribuido desde ese lugar.

El Yonke Fénix fue el epicentro de la contaminación radioactiva del material para construcción.

El gobierno mexicano intervino el Yonke Fénix y tomó la decisión de detener la fabricación y distribución de varilla con acero proveniente del Yonke Fénix. La chatarrera fue cerrada y se tuvieron que tomar medidas especiales para reducir la intensidad de la radiación que estaba siendo liberada del lugar.

Se estima que cuando menos, se habían fabricado 1,000 toneladas de varilla contaminada, distribuidas en 15 estados de la República y fue utilizada para 17 mil 600 construcciones. El material radioactivo fue retirado de la acerara y la chatarrera y fue enterrado a las afueras en un lugar a las afueras de la ciudad denominado La Pedrera. En dicho lugar, fueron colocados más de 16,000 metros cuadrados de tierra contaminada.

La descontaminación del lugar, tanto en la empresa acerera y el Yonke, se utilizó el personal de estas para tal efecto. Al realizar su labor, no contaban con protección alguna y solo usaban palas y bolsas de plástico para recolectar el material radioactivo. En total 67 trabajadores de ambas empresas, estuvieron expuestos a altos niveles de radiación. Nunca fueron informados de la contaminación a la que se expusieron. Varios de ellos sobreviven con diversas mutaciones y enfermedades relacionadas.