Nuevo plan del PRD: ver resultados del 2019 y cambiar nombre para 2021

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Los amarillos aún se soban las heridas generadas el primero de julio pasado. Las elecciones más importantes en la historia de México fueron letales para una fuerza izquierdista que ha enfrentado todo tipo de acusaciones por corrupción, abuso de poder, nepotismo, tráfico de influencia, derroche y desvío de recursos. Ahora que nadie quiere ser el presidente del perredismo, el plan revela un gran cambio.

En el PRD saben que no hay manera que ganar una elección en solitario. Esto se conoce desde hace años. Un claro ejemplo es la forma en la que encararon las elecciones del 2018, reuniéndose con sus rivales históricos del PAN. Luego de perder la presidencial y todas las gubernaturas posibles, apenas se afianzaron algunos escaños en el congreso y alcaldías capitalinas. Por eso es que repiten fórmula en las elecciones 2019, en donde se busca gobernador en Puebla y Baja California.

Pero parte del plan es evaluar cómo les va en estas dos elecciones para delinear su renovación para las intermedias. México cambiará de legislatura en 2021 y los perredistas quieren ser la opción de izquierdas para quienes no coincidan con las formas de Morena. El partido guinda, recordemos, ganó prácticamente todo en las elecciones pasadas, por lo que la izquierda dejó de ser representada por el perredismo.

En caso de fallar a lo grande, el PRD ya analiza un cambio de nombre en su registro para encarar el 2021. En esta elección también se votarán nuevas gubernaturas y se decidirá por la permanencia o no de López Obrador en la presidencial. Es justo ahí en donde los partidos menos afortunados en las urnas quieren recobrar el poder (tanto el PRI como el PRD). Ambas fuerzas políticas están realizando limpias internas y aplicando apertura con sus militancias para lograr votos masivos.

Otro de los problemas del perredismo es su falta de unidad. Históricamente este partido permitió la creación de tribus internas que, a la larga, terminaron separando al partido en grupos de choque que no dudaron en resolver las cosas a golpes en varias ocasiones. Es por eso que el PRD no tiene un presidente nacional. Realmente no hay un personaje del partido amarillo que quiera dirigir todo ese caos.

En sus 30 años de vida, el perredismo no está festejando nada porque ni siquiera hay alguien que organice la fiesta. La crisis financiera por la que atraviesan tampoco ayuda.

El único perredista importante en activo en Silvano Aureoles, acusado de perjudicar las finanzas michoacanas. Detrás de él están las acusaciones graves a Graco Ramírez por la deuda histórica que dejó en el gobierno de Morelos. Con apenas once diputados y cinco senadores, los perredistas ya se inclinan en mayoría para abandonar su nombre y sus colores por algo nuevo. Que el PRD utilice colores distintos al amarillo es algo que ya sucedió en las campañas del 2018.

Ahora mismo se analiza un cambio total de imagen y nombre para lidiar con la fuga masiva de militantes inconformes. Muchos aún no perdonan la alianza con el panismo, además de que la baja recaudación de votos les hizo perder el registro en estados clave como Colima, Nuevo León, Tamaulipas, Sonora, Chihuahua y Aguascalientes. Con poco dinero, estructura y apoyo, parece que el nombre PRD quedará atrás para algo nuevo.