El cofundador mexicano de Uber: Oscar Salazar

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Uber comenzó a cotizar en la Bolsa de Nueva York la semana pasada, y Oscar Salazar, uno de sus co fundadores, ya tiene acciones valoradas en 245 millones de dólares.

El viernes 10 de mayo, la empresa de transporte hizo su esperado debut en la Bolsa estadounidense con un valor de mercado de 82 mil millones de dólares y la acción valorada en 45 dólares.

El precio no fue el esperado por los inversionistas, quienes querían valuar la empresa en 120 mil millones, cifra que no se alcanzó con el valor de la acción, que incluso a lo largo del día cayó tres dólares, llegando a cotizarse en 42 dólares.

Si bien esto no fueron buenas noticias para los dueños de Uber, los principales accionistas se fueron a casa con al menos mil 500 millones de dólares. Otros inversionistas más pequeños obtuvieron entre 1.9 y 922 millones de dólares en su primer día en la Bolsa.

En este grupo está Oscar Salazar, uno de los tres co fundadores de Uber y el creador del primer prototipo de la plataforma de transporte, junto con Garret Camp.

Salazar es mexicano y estudió ingeniería telemática en la Universidad de Colima. Más tarde, hizo una maestría y otros estudios en  Canadá, Francia y Estados Unidos, donde conoció a Garret Camp y donde comenzó su interés por desarrollar aplicaciones que atiendan temas de movilidad.

En 2009 comenzó la idea de Uber para atender un problema de movilidad en San Francisco. Allí trabajó dos años como Director de Tecnología y luego decidió partir en términos amistosos con sus colegas. De hecho, Salazar sigue siendo miembro del Consejo de Uber, además de accionista.

Al salir de la empresa, comenzó a diseñar e invertir en aplicaciones y start up relacionadas con el tema de movilidad y entrega de productos o servicios a domicilio, facilitando la vida de los usuarios.

En 2013 lanzó Pager, una aplicación de telemedicina que conecta a los pacientes con proveedores de atención médica de alta calidad, que incluye no solo el servicio de atención médica, sino también la entrega de medicamentos hasta la puerta de su hogar.

Dos años más tarde, Salazar desarrolló Ride, otra plataforma de transporte, pero que, a diferencia de Uber, conecta a los usuarios para compartir viajes. Él es el director de tecnología y productos de la empresa, en la que sigue participando activamente para mejorar el servicio de movilidad.

El servicio logra conectar a usuarios y conductores que viajan por la misma ruta todos los días para compartir el vehículo; de esta forma, el conductor  genera un recurso adicional y el usuario viaja en auto sin necesidad de pagar por otro servicio.

También fue ángel capitalista de Cornershop, la primera aplicación que te permite hacer las compras del súper mercado desde tu teléfono y que las deja en la puerta de hogar. Salazar llevó recursos y tecnología a esta aplicación, que se volvió referencia en el mercado del retail de América Latina. El éxito que tuvo llamó la atención de Walmart, que la compró en 225 millones de dólares en 2018.

El año pasado, Salazar invirtió en Halan, una empresa egipcia que provee viajes en motocicleta y tuk-tuk (un triciclo motorizado que se usa en Medio Oriente) en las zonas más marginadas de Egipto y Sudán. En sus primeros dos años, la empresa ha dado más de tres millones de viajes a las personas que antes no tenían forma de viajar.

Inversiones y más inversiones 

Si bien estas son las empresas más grandes en las que ha participado Oscar Salazar, lo cierto es que desde su salida de Uber, se ha dedicado a invertir y desarrollar start ups relacionadas con el tema que le interesa: movilidad.

De acuerdo con el portal crunchbase.com, Salazar ha invertido en 12 empresas en los últimos tres años, las últimas son Cargo X, una empresa que ofrece soluciones de transporte a las compañías navieras de Brasil, y a la que destinó 60 millones de dólares. La otra es Yoin, una aplicación que ayuda a la administración de condominios en la Ciudad de México, aunque se desconoce el monto que invirtió en ella.

En distintas entrevistas, Salazar ha dicho que está preocupado por los temas sociales que atañen a América Latina y el mundo en general, de allí su interés por generar aplicaciones que resuelvan estos problemas.

Esta temática lo llevó a desarrollar en 2010 Citivox, una plataforma  que ayuda a las organizaciones no gubernamentales y personas individuales a monitorear y reportar el fraude electoral, el crimen y los problemas de infraestructura que ocurren en México.