Cada cucharada de Nutella llega a ti gracias a la explotación de refugiados

- Por

Una investigación del periódico estadounidense New York Times dejo ver el duro proceso de explotación que sufren miles de refugiados sirios en los campos de avellanas turcos; todo con tal, de que cada cucharada de Nutella llegue a las mesas en todo el mundo.

La publicación destacó que aproximadamente 600 mil granjas diminutas, localizadas a lo largo y ancho del rocoso paisaje verdoso de la costa norte de Turquía son las encargadas del 70% de la producción de avellanas a nivel mundial.

Mar Negro, lugar de refugiados

La región, conocida como Mar Negro, concentra la mayor cantidad de cultivos de avellanas en el mundo, fruto que es propicio por las condiciones geográficas y climáticas que ofrece este lugar que mezcla terreno margoso, luz del sol y lluvia.

La historia del cultivo de este fruto inicia en los años 30, cuando el Partido Republicano del Pueblo propuso a los agricultores que sembraran árboles de avellanas, para mejorar la economía local y reducir los deslaves.

Sin embargo, el terreno escarpado hace que el trabajo de los recolectores de avellanas sea arduo y riesgoso, pues las pendientes empinadas que se encuentran en dicho lugar hacen que una posible caída de los recolectores sea mortal.

Aunado a ello, está el problema de los bajos salarios que se aproximan a los 10 dólares al día, tarifa que puede ser menor, si un intermediario engaña al refugiado y se queda con por lo menos la mitad de su salario.

Cabe destacar que, la angustiante situación de 3.4 millones de refugiados sirios que llegaron a Turquía desde 2011, se está agravando, debido a que no cuentan con protección legal ni permiso para trabajar, lo que incrementa la  desigualdad laboral.

Explotación y pobreza

El citado medio indica que el Código Laboral de Turquía no tiene vigor en los negocios agrícolas con menos de 50 empleados, así que no existe una vigilancia precisa, respecto a las condiciones laborales de los refugiados.

Tal es el caso de la firma Ferrero, quien fabrica la Nutella, o Nestlé con sus barras de chocolate o Godiva, una marca turca de chocolates, cuyos productos podrían estar implicados en los riesgos y adversidades de los refugiados e incluso en el trabajo infantil obligado.

Respecto al caso de Ferrero, empresa que compra una tercera parte de las avellanas en Turquía, los datos sobre los proveedores son poco claros sobre cómo se abastece el imperio con valor de 22 mil 300 millones de dólares que construyó Giovanni Ferrero.

Asimismo, vale precisar que otro punto importante respecto al trabajo de la granja, es que la cosecha de las avellanas se divide en dos tareas: recolectar y transportar.

Los recolectores toman el fruto seco y lo meten en bolsas, mientras que los transportadores suben y bajan las bolsas, por las montañas para luego colocarlas en camiones.

El reportaje también reveló las extenuantes jornadas que se ven obligados a aguantar los agricultores, con horario de 7:00 a 19:00 en algunas granjas. “Si no trabajas, no te pagan, y la norma es trabajar los siete días de la semana”, aseguró un entrevistado al diario.

La polémica de Nutella

Cuestionada por el medio, la firma Ferrero dio a conocer una lista de las organizaciones con las que Ferrero se alió para promover un programa denominado Ferrero Farming Values.

“Ferrero está comprometida con brindar condiciones laborales seguras y decentes a sus empleados y solicitamos que nuestros productores independientes hagan lo mismo”, puntualizó en un correo electrónico.

Lee el reportaje completo en The New York Times