El crimen organizado ha reclutado a 460,000 niños en todo México

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El crecimiento del crimen organizado en México ha tenido efectos colaterales más que indeseables en la sociedad mexicana. Uno de estos, ha sido la inclusión de menores de edad en actividades delictivas de bajo y alto impacto. Un caso concreto ha sido el del halconeo, es decir, de encargarse de vigilar lugares para el crimen organizado.

Los halcones de Garibaldi

En la Plaza Garibaldi, famosa por sus cantinas, bares y mariachi, más de diez niños de seis años, juegan en las maquinitas o van y vienen en bicicletas y patines. Lo que a simple vista parece una escena cotidiana, oculta la escabrosa realidad de estos menores; son los halcones más jóvenes encargados de cuidar el lugar para el crimen organizado.

En el ambiente resuena un chiflido. Un muchacho de 14 años se acerca en bicicleta a un niño y le dice: «vete a generar». Lo anterior significa que consiga dinero como pueda, principalmente, robando. Los menores obtienen dinero robando cosas en las estaciones del metro y sus inmediaciones. Posteriormente, proceden a vender los productos en las vecindades del rumbo.

Otro grupo es el que conforma al grupo de menores denominado La Bandita. Son aproximadamente seis jóvenes de entre 14 y 16 años. Sus funciones se centran en vigilar la zona y cuidar de sus hermanos y sus sobrinos. Un vecino dice: «pero desde ahí empiezan a guiar».

El vecino explica que si los niños ven algo «raro» tienen que avisar. Cuando se trata de una persona que llegó a vender cerca o hay alguien a quien pueden asaltar, los grandes son quienes toman la batuta. Después, les contarán a sus hermanos y dependiendo de la edad, actuarán solos o con ayuda de alguien más. Usualmente, comenta el vecino, los menores permanecen dentro de las vecindades.

El vecino comenta que los menores se encargan de vigilar el área que va desde el Museo del Tequila hasta Elektra; pasando por los callejones, la Plaza Montero y el mercado San Camilito. Los más chicos se quedan en las maquinitas. A simple vista parecen niños de lo más común explica, sin embargo, están vigilando y avisan cuando ven algo o alguien que sea de su interés.

Una residente de la vecindad, entrevistada por El Universal, comenta que tiene sobrinos de esa edad, sin embargo, no se comportan así, dice.»Aquí hablan con muchas groserías, en ocasiones golpean a las niñas, pero no en forma de juego».

La violencia invade la Plaza

En uno de los eventos más extraños presenciados en la Plaza Garibaldi, unos sujetos disfrazados de Mariachi entraron con armas largas al lugar. Los disparos terminaron con la vida de seis personas y dejaron a siete heridas. Los atacantes lograron huir a bordo de tres motocicletas y después de mes y medio la Procuraduría capitalina, dio con uno de los responsables. De acuerdo con los medios, el enfrentamiento se dio a raíz de la tensión entre Unión Tepito y Fuerza Anti-Unión, siendo el primero el perpetrador. Ambos grupos se disputan la venta de droga en la zona.

Los vecinos comentan que en los dos edificios al lado de la Casa del Mariachi, se realizaron cateos y se sacó mucha droga. Sin embargo, dicen que aún se escucha la llega de coches por las noches, aún cuándo supuestamente no está permitido. Aseguran que se tratan de patrullas y de gente con mucho dinero. «Todos saben que cuando llegan las camionetas negras, llega alguien pesado o van a bajar mercancía».

El modelo incorrecto a seguir

En el 2018, Alfonso Durazo, actual Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, dijo que grupos delictivos se encargaban de reclutar niños, niñas y adolescentes para unirse a sus filas. El secretario estimaba que había cuando menos 460 mil niños trabajando como halcones para el crimen organizado.

Apenas en diciembre de 2018, se descubrió el cadáver de una persona. Los peritajes concluyeron que se trataba de una persona del sexo femenino. El cuerpo fue hallado en el basurero del mercado de San Camilito a unas cuadras de la Plaza Garibaldi.

A finales de ese mismo mes, una persecusión a un narcomenudista condujo a elementos policiacos a un inmueble dónde buscaba esconderse. Dentro de este, fue encontrado un empresario al interior de un vehículo. La víctima estaba vendada de los ojos y se encontraba atada de pies y manos, de igual manera, uno de los dedos del pie había sido cercenado.

Estos niveles de violencia no han detenido a los menores, que buscan seguir los pasos de sus familiares o vecinos. Los menores más grandes son los que se encargan de asaltar, golpear y cobrar piso a los narcomenudistas, pues tienen que entregar cuentas; las cuotas de los vendedores son recolectadas por los mayores. Cuando alguno de ellos no paga, los delincuentes envían a «los niños de la bicicleta».

«Si es la primera vez que compras, te la van a vender, pero van a investigar quién eres y porque les pediste a ellos justo para que no los vayas a traicionar. Si ven que eres como cualquier otro consumidor, pues ya te pueden vender, y si no, pues quién sabe qué te hagan«, mencionó una vecina del lugar entre risas.

De acuerdo con la UNICEF, en su reporte sobre la violencia en la vida de niños y adolescentes, un menor es asesinado cada siete minutos en un acto violento en el mundo. El reporte indica que en 2015 esto le costó la vida a 82 mil niños y adolescentes en el mundo. Los adolescentes entre 15 y 19 años son tres veces más vulnerables a morir violentamente que aquellos entre los 10 y 14. América Latina se posiciona como una de las regiones más violentas, con cinco países con las mayores tasas entre adolescentes.

Los menores son hechos cómplices del crímen organizado a temprana edad. El delito por inducirlos a la delincuencia recibe el nombre de corrupción de menores y es penado de siete a doce años de prisión y de mil a 2 mil 500 días multa.

En la Ciudad de México se han contabilizado 84 carpetas de investigación y a nivel nacional 511 en lo que va de 2019. Lo anterior con información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SENSNSP).

Sin la posibilidad de elegir

Ocultando su nombre por motivos de seguridad, Guadalupe de 13 años recuerda cómo salió de ese ámbito. La menor fue desde un principio, víctima de violencia en su casa y a los 11 años presenció un operativo contra el narcomenudeo. En la operación, arrestaron a su padre y detuvieron a algunos menores de edad.

Ella menciona que la enseñaron a robar a pesar de que no quería. Tras lo sucedido, buscó trabajo en el mercado y empezó a ir a la escuela. Sin embargo, tiempo después sufriría abuso por parte de uno de sus tíos. Todo terminó cuando una noche su abuela le negó entrar a la casa y quedó en la calle. Actualmente se encuentra en un refugio para menores.

La defensora de los derechos humanos, Mar Cruz, explica que ella fue reportada como desaparecida. El 17 de abril se publicó en redes sociales que la menor había sido localizada. La familia fue avisada y se inició un procedimiento para determinar si se iba con esta o a una casa hogar, pues se presumía que podía estar involucrada en la comisión de un delito.

En primer lugar, fue llevada con un acompañamiento, pues es una menor que ha vivido violencia y es víctima, explicó. Por su caso se abrió una carpeta de investigación por narcomenudeo y trata. La menor fue fichada a los 11 años. «Ellos se convierten en presas sin opción» puntualizó.

Gracias a la investigación, se le retirará temporalmente la custodia a la familia de su padre sobre ella y sus hermanos. «La mayoría de las familias que se dedican a esto no resisten porque no pueden hacer sus negocios ni vivir como lo hacían, entonces, después de dos o tres meses retiran la demanda de custodia y se los entregan al estado».

La información contenida en esta publicación se basa en el artículo «‘Halconcitos’ de Garibaldi: así recluta el crimen a niños pequeños en CDMX» publicado en El Universal.