La violación a niñas y mujeres se concentra en la frontera de EU

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Cuando se habla de feminicidios o abusos sexuales a mujeres, lo más al norte que se piensa es Ciudad Juárez, Chihuahua. La narrativa periodística sobre este tema se ha concentrado en el centro del país e incluso el sur, en donde estados como Veracruz, Puebla, Guerrero, la capital y el Estado de México concentran la mayoría de las alertas sobre el tema. Pero poco se habla de lo que sucede en la frontera.

En los peligrosos y desérticos territorios que unen a México con Estados Unidos se han llevado a cabo agresiones sexuales y asesinatos a mujeres sin que ninguno de sus gobiernos se esfuerce por solucionar el problema. La mayoría de las agresiones van hacia mujeres centroamericanas, en especial menores de edad. Un reportaje del New York Times nos deja ver que estas vidas se destruyen desde el momento en que pisan la frontera.

Pero, a diferencia de lo que se cuenta, también se han elevado los abusos sexuales a migrantes en Estados Unidos. Concretamente en Texas, uno de los estados con más presencia latinoamericana en el país gobernado por Donald Trump. Mientras el gobierno mexicano frenaba el paso de las caravanas migrantes, Estados Unidos solidificaba un discurso aporofóbico. En medio, las mujeres con las más dañadas.

Entrevistas y documentos señalan que se ha normalizado tanto el abuso sexual a niñas y mujeres que cruzan la frontera, que esta práctica es ya prácticamente uno de los requisitos inevitables a cumplir para poder encontrar una mejor vida en Estados Unidos. Si bien los yanquis han insistido con un muro y leyes antimigrantes más sólidas, no han opinado públicamente sobre los abusos sexuales que se realizan en su lado de la frontera.

La idea de los migrantes que cruzan por nuestro país es que la mayoría de las precauciones por seguridad deben hacerse en México, un país sumido en la violencia, los feminicidios y la inseguridad. Pero los avances del NYT señalan que en cuanto se entra a territorio estadounidense también se corren riesgos (incluso mucho más altos que en territorio mexicano). La sensación de seguridad al pisar Estados Unidos ha generado que los secuestros y abusos sexuales incrementen.

Casos sólidos y comprobados de violaciones a mujeres y niñas se concentran en comunidades sureñas como San Antonio, Edinburg, Tohono O’odham, Mission y otras sedes texanas y de Arizona. La mayoría de estas prácticas son realizadas por los traficantes de personas que los insertan al país, en donde violan y atacan bajo la amenaza de entregar a las migrantes ante las autoridades en caso de protestar o buscar protección.

Por testimonio se sabe que algunos de los agresores también forman parte del departamento de aduanas en Estados Unidos.

Las demandas en contra de funcionarios estadounidenses han incrementado. Algunas migrantes violadas aseguran que los traficante con un peligro, pero menor cuando se les compara con la actuación de elementos de la patrulla fronteriza yanqui. Además, se vuelve a insistir en que las agresiones empiezan una vez que son presentadas ante trabajadores de la aduana estadounidense. Las cifras de Donald Trump es que se viola a una de cada tres migrantes en su país, pero los entrevistados señalan que esto es muy poco.

Por lo que el republicano y magnate solamente maquila cifras para calmar a sus críticos. Justo después de abogar por un muro para defender a estas mujeres, el presidente estadounidense ordenó que los niños migrantes retenidos fueran separados de sus padres. Durante estos procesos se sabe de varios casos en donde los menores fueron violados por agentes de migración. En cuatro años han surgido 4,500 quejas por abuso sexual infantil en centros de detención migrante.

Mira toda la información en este reportaje de The New York Times.