La reforma educativa de AMLO enfurece de nuevo a la CNTE

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Se viene una reforma radical en la educación mexicana. Peña Nieto llegó haciendo justamente lo mismo cuando tomó el poder hace más de seis años. Ahora, el presidente López Obrador quiere frenar en seco todo rastro de la reforma educativa peñista para dar paso a algo más que pueda ser un consenso entre su gobierno y los trabajadores de la educación.

Pero permanece una cláusula que los mantiene furiosos: el reparto de plazas.

Los sindicatos de trabajadores en México, específicamente la CNTE, ya están protestando a poco más de cien días de gobierno obradorista. El conflicto ha surgido después de que la iniciativa de López Obrador para reformar la educación anularía completamente el control que tienen los sindicatos para dar, donar, heredar, vender o regalar plazas de trabajo. Mañana será el día en que la propuesta sea votada en comisiones.

López Obrador la tiene sencilla en la cámara de diputados, en donde su partido tiene una mayoría aplastante y en donde se han generado buenos acuerdos con otras fuerzas políticas cuando se necesitan votos de más. El gobierno morenista asegura que esta reforma educativa no estará detrás de los salarios de los maestros, al contrario, aseguran, se pretende acercar la iniciativa a los alumnos y las escuelas. Pero sí se frena de lleno esa práctica cacical de repartición de plazas (algo que también criticó el gobierno peñista).

La CNTE tiene pocos días para mostrar su músculo en las calles, ya que para la siguiente semana se votará en el pleno de la cámara de diputados esta nueva estrategia educativa. Por lo que el magisterio ya se encuentra protestando en los alrededores de San Lázaro, en donde exigen mantener el control sobre la contratación de maestros, además de ser considerados “trabajadores al servicio del estado”.

Esto toca directamente en la vena de la educación normalista, un tema bomba desde hace décadas en el sistema educativo mexicano. Con la intención de Peña Nieto y López Obrador se terminaría la entrega automática de plazas a los estudiantes normalistas que terminen sus estudios en las escuelas normales rurales. Esta práctica es ya una tradición que no están dispuestos a perder con una simple votación en la cámara baja.

El sindicato magisterial también quiere seguir controlando decisiones claves en la vida de los maestros mexicanos. Una de las propuestas de la reforma obradorista ofrece es que no sea el sindicato el que determine los incrementos o decrementos de salario de cada profesor, además de impedir que el magisterio decida quiénes serán los supervisores, directos o jefes de área de los maestros en el país: algo que quedaría a cargo de la secretaría de educación (a cargo de Cuauhtémoc Moctezuma).

La CNTE asegura que la reforma de Peña y la de Obrador huelen igual, saben igual y solamente tienen un cambio de colores. El gobierno mexicano sí pretende mantener ciertas cláusulas de las reforma peñista, sobretodo con el tema de la evaluación docente (un tema que enfureció totalmente al magisterio hace varios años). López Obrador prometió no estar en contra de los profesores y aseguró que nadie perdería su trabajo por caprichos presidenciales. Aún así, la evaluación será obligatoria para que puedan los aspirantes puedan trabajar como maestros.