La crisis en el PRI es tan fuerte que podrían no llegar a los 100 años

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Es imposible leer en los periódicos de antaño que el PRI sufriera una crisis interna. El partido más antiguo del país era también uno de los más unidos. Sin demasiada crítica interna y un brazo de hierro gobernando desde la élite durante decenas de presidencias, parecía que no llegaría el momento en que se hablara de una debacle de la fuerza política que gobernó en el 2012 y terminó perdiendo prácticamente todo hace menos de un año.

Con esta fortuna, el PRI celebra sus noventa años de vida entre escándalos de corrupción y dos fuerzas que pujan por liderar al partido tricolor para evitar nuevos desastres electorales. Por un lado se encuentra una fuerza ligada aún a Enrique Peña Nieto y del lado contrario están algunos militantes que ya exigen que el mexiquense sea expulsado de inmediato por los errores de su gobierno. Lo cierto es que el PRI necesita un cambio drástico o podría desaparecer poco a poco.

Pensar en los 100 años del PRI en 2029 suena complicado si se continúa con el camino actual. La presidencia del partido aún le pertenece a Claudia Ruiz, una mujer que trabajó para el expresidente priista, por lo que un cambio de imagen del partido exige un nuevo rostro lejano al sexenio peñista. Pero las personas que han levantado la mano también han trabajado para el gabinete anterior: Osorio Chong y José Narro (gobernación y salud, respectivamente).

El PRI está consciente de que las elecciones intermedias del 2021 son cruciales para permanecer como partido, por lo que ya se han lanzado para convocar nuevos militantes y alejarse rápidamente de la imagen de corrupción e impunidad que dejó la administración pasada. Para levantar a un nuevo PRI, el gobernador de Campeche ya está moviendo sus piezas. Alejandro Moreno ya se vende como el nuevo líder priista, quizá el más lejano al peñanietismo por el momento.

Noventa años después, la forma de hacer política ha cambiado y el PRI tiene que ajustarse. Para lograrlo, los tricolores que quedan han lanzado nuevas promesas para ganar el voto ciudadano. En principio, se plantea un cambio en la forma de elegir a sus dirigentes: a través del voto directo de los militantes y con la revisión del INE para dar certera. Recordemos que durante décadas solamente votaba la cúpula priista y la crisis los obligó a elegir a un no priista para la presidencial 2018.

Hace poco el partido anunció que necesitan un préstamo bancario de al menos 250 millones para renovarse y elegir a su nuevo líder. Esto deja ver la primer gran crisis financiera del partido que controlara al país durante décadas. En caso de recurrir a los desvíos y favoritismos de antaño, puede que el PRI no llegue al centenario si en 2024 se repiten las cifras electorales que los bajaron del primer al tercer lugar nacional en cuestión política.

Para evitar una pérdida masiva de votos en las próximas urnas, el PRI está reuniendo sus grupos electorales más sólidos: las confederaciones sindicales. Pero también están convencidos de que una buena estrategia y cambio de imagen, además de una señal de apertura a nuevos líderes, podría captar la atención de los votantes que no gustan del gobierno obradorista. Pero el PAN también busca ser el gran grupo opositor, por lo que se pelearían a los mismos inconformes.

El gran problema es que el gobierno de López Obrador mantiene cifras de aceptación mayores al 70% y las estrategias de la oposición no han resultado tan estructuradas como se esperada. En principio, el panismo y el priismo continúan peleados, pero ciertos acuerdos políticos han logrado generar fuerza. Recordemos la alianza de partidos opositores para defender el fuero federal y los cambios que hicieron en el senado para maquillar la guardia nacional del presidente.

Lo cierto es que los próximos años serán cruciales para un partido que lo tuvo todo y lo dejó ir. Las deudas por multas electorales están ahogando al priismo y parece ser que se viene una batalla fuerte para controlar al “nuevo PRI” que está urgido de votos frescos y una base sólida de nuevos militantes para enfrentar a Morena en las elecciones estatales de este año y las intermedias del 2021. Para 2024, puede que algunos partidos que fueron grandes ya no estén (en especial el PRD), pero el PRI quiere estar lo suficientemente fuerte para regresar al poder presidencial.