Slim y Trump juntos en un plan empresarial para favorecerse en México

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La revelación del presidente López Obrador respecto a contratos “leoninos” y desventajosos para la Comisión Federal de Electricidad (CFE), tuvo un protagonista de gran peso: el Grupo Carso, perteneciente al magnate Carlos Slim.

Aunque pareciera inverosímil, diversos reportes vinculan al empresario mexicano con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a través de una empresa que actualmente le vende energía a la CFE, los primeros contactos entre ambos se dieron a finales de 2016, un mes antes de que Trump fuese investido como presidente de Estados Unidos.

El propósito del contrato fue venderle gas a la CFE, para que la empresa mexicana generase energía eléctrica más barata para las empresas estadunidenses en la frontera de Chihuahua con Texas.

Trump y Slim se reunieron el 17 de diciembre de 2016 en la residencia de descanso del presidente estadunidense en, Florida.

De acuerdo con el medio especializado Bloomberg Businessweek, dos días después de ese encuentro, del que nada se informó, el Gobierno estadunidense dio los primeros pasos para destrabar uno de los proyectos de Energy Transfer Partners en México.

Se trata de una de las principales empresas productoras de gas natural de Estados Unidos, con sede en Dallas, de la que Trump fue accionista y con la que Slim se asoció para construir los gasoductos Comanche y Trans-Pecos que surtirán de gas texano a la CFE.

Según informó Bloomberg el viernes 23, dos días después del encuentro en Palm Beach, Florida –efectuado el lunes 19 de diciembre–, la empresa texana alcanzó un acuerdo con el Gobierno estadunidense para reasumir la construcción del Comanche Trial Pipeline (Sendero Comanche), ducto que proveerá de gas natural a la CFE.

El acuerdo consistió en el pago de 5.4 millones de dólares para proteger los canales de irrigación en los lugares por donde pasará el ducto en la frontera con México, y que ha sido el principal motivo de los lugareños para estar en contra de la obra.

Una relación millonaria

Trump acabó por quitarle las trabas a Energy Transfer Partners, la empresa de la que fue accionista hasta el 2016, cuando ya buscaba la presidencia de Estados Unidos.

Anunció el levantamiento de los obstáculos que el gobierno de Barack Obama le había puesto a dos grandes proyectos de la gasera, de la que también fue accionista el exgobernador de Texas Rick Perry, designado por Trump como secretario de Energía y conocido también por sus posiciones antimexicanas.

Energy Transfer Partners es una de las empresas de energía más importantes de Estados Unidos, donde controla y opera unos 56 mil kilómetros de gasoductos.

Energy Transfer Partners creó en el estado de Delaware una subsidiaria, Energy Partners Mexicana, según el registro público de ese estado. Datos de la Comisión Reguladora de Energía (CRE) estadunidense señalan que Carso Energy, del Grupo Carso, se asoció con la segunda firma.

El plan para hacer negocios en México estaba previsto desde 2007, al inicio del gobierno de Felipe Calderón, cuando Energy Transfer Partners, a través de la subsidiaria mexicana, solicitó a la CRE permiso para transportar gas natural de Texas a Chihuahua a partir de 2014.

Pero aun antes de concretar esos proyectos, Energy Transfer Partners ya ha contabilizado ganancias en México. En su reporte financiero de 2015, indicó que de julio a septiembre de ese año obtuvo 127 millones de dólares extras por renegociar contratos para la exportación de gas natural a México. Lo que hizo fue renegociar un aumento de las tarifas de transporte.

Energy Transfer Partners es la misma empresa a la que Trump benefició cuando firmó dos órdenes ejecutivas que le permitieron avanzar en la construcción de los oleoductos Keystone XL y Dakota Access.

A pesar de las evidentes relaciones, Grupo Carso no ha explicado su sociedad con Energy Transfer Partners, ni en cuántos contratos participa con la empresa vinculada a Donald Trump.