México se apunta para calmar las crisis en Venezuela y Nicaragua

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Pocas personas apostaron por el mapa político latinoamericano en estos momentos. No muchos pensarían que en México la izquierda se impondría con más de 30 millones de votos para sacar al PRI y al PAN del poder, después de décadas de vigencia. Tampoco se veía venir que en Brasil la ultraderecha le quitará el poder a una izquierda que parecía tan sólida. Con este nuevo mapa, ambas naciones se quieren vender como los nuevos líderes  de la región.

En el caso de México, ya hizo pequeños guiños para crear una unión latinoamericana, después de negarse a condenar el gobierno de Nicolás Maduro. Todo esto contrasta con la visión de otras naciones del continente, quienes no reconocen al venezolano como presidente de un país sumido en la pobreza y la violencia. Jair Bolsonaro ha actuado totalmente al contrario, uniéndose a Estados Unidos y Colombia para someter a Venezuela a sus visiones de democracia.

Para lidiar con estos temas, el gobierno mexicano ya se ofrece como el gran líder para intentar mediar en las crisis sociales y políticas que se viven en Venezuela, un país con el que mantiene buenos acuerdos por el momento. Además, el gobierno exterior mexicano promete también tener un papel protagonista para garantizar el diálogo con el cerrado gobierno de Daniel Ortega, en Nicaragua. Este último reconocido como unos de los grandes represores del continente americano.

La intención de la administración obradorista, afirman, es la de hacer de México una nación que “vuelva a mirar al sur”. Y es que desde hace tiempo que gobiernos de derecha e izquierda se han estado peleando entre ellos en el cono sur del país. Recordemos que hubo una avanzada de naciones izquierdistas con Kirchner en Argentina, Bachelet en Chile, Santos en Colombia, Mújica en Uruguay, Lula en Brasil y Chávez en Venezuela.

Después vinieron los cambios. La derecha se apoderó de algunas de estas naciones con la llegada en Argentina de Mauricio Macri; en Colombia triunfó Iván Duque; en Brasil, Jair Bolsonaro y en México estuvo Enrique Peña Nieto, un hombre más fanático del neoliberalismo que de sus pares sureños. La llegada de Donald Trump al gobierno yanqui terminó por polarizar al centro y sur del continente americano.

Pero las cosas no son nada sencillas en Venezuela y Nicaragua. Daniel Ortega ha reprimido severamente a su pueblo, realizando actos violentos en contra de los nicaragüenses que protestas a diario en contra de su gobierno cada día más cerrado e intolerante con la prensa. Recordemos los brutales ataques que el gobierno nicaragüense ha realizado en contra de sus estudiantes. Venezuela tampoco se queda atrás.

El gobierno de Nicolás Maduro se ha esforzado por imponer su puño ante la oposición, a quienes mantiene en constante acoso y vigilancia. Recordemos que la mayoría de los líderes opositores del régimen madurista están en prisión o han sido detenidos en alguna ocasión por las fuerzas del presidente venezolano. Ahora que repite su mandato, el grupo Lima (Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú, Santa Lucía, Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica y Guatemala) han desconocido a Maduro.

Pero México resiste y pretende unir a las naciones del sur del continente americano para formar un bloque amistoso que tenga buena parte de acuerdos comerciales y culturales por signar. Y es que la política xenofoba de Donald Trump puede estar cuatro años más en el poder, después de que en 2020 se realicen elecciones federal en el país del western. Por lo tanto es necesaria una mejor convivencia entre naciones sudamericanas.

La dificultad de calmar las tensiones en Venezuela y Nicaragua radica en que no todas las naciones que rodean a estos países están de acuerdos con Daniel Ortega y Nicolás Maduro. Ambos aseguran que hay presión de Estados Unidos por derrocarlos del poder, algo que México tendrá que apaciguar antes de intentar amistarlos con Colombia, Brasil, Argentina y otras naciones que poco o nada quieren saber de sus vecinos adictos a la represión.