La historia de el Pirrín, el general que se entrevistaba con narcos

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En México existen casos comprobados de la complicidad del Ejército en el desarrollo de grupo criminales, también se ha señalado a las fuerzas castrenses de violar derechos humanos y por su opacidad a la hora de revelar información a la opinión pública; el rostro más perverso de la disciplina militar fue encarnado por Roberto Miranda Sánchez.

El general Roberto Miranda Sánchez, apodado “El Pirrín”, fue jefe del Estado Mayor Presidencial en el sexenio del presidente Ernesto Zedillo.

Su nombre fue mencionado en el juicio que se sigue en Estados Unidos a Joaquín “El Chapo” Guzmán, por Vicente Zambada Niebla “Vicentillo”, quien dijo lo visitó en la residencia oficial de Los Pinos en 1997, por encargo de su padre, “El Mayo” Zambada.

El señalamiento de tan inesperado encuentro entre un criminal y el máximo responsable de la seguridad del presidente no sorprendieron a la opinión pública, ya que El Pirrín ha sido vinculado a un sinnúmero de casos de abuso de fuerza e incluso tortura y violación.

Prepotente y de mal carácter

El 11 de julio de 2006, en Monclova, un pelotón del XIV Regimiento Motorizado de Caballería, abandonó las instalaciones del Instituto Federal Electoral, donde se les había encargado la custodia de paquetes electorales del polémico proceso presidencial.

Dos de los soldados visitaron esa noche la zona de tolerancia del conurbado municipio de Castaños, y protagonizaron una riña con policías municipales, así que fueron con sus compañeros de pelotón. Abordaron sus autos y se dirigieron al lugar donde los dos primeros soldados se dijeron agredidos.

Ya en el sitio, golpearon a clientes, cantineros y padrotes; se introdujeron en los bares El Pérsico y Las Playas, donde a punta de fusil, violaron a 14 trabajadoras sexuales y bailarinas, de manera tumultuaria, para usar la jerga legal, con miembro viril y con instrumento distinto al miembro viril.

Los llamados de auxilio fueron insuficientes, pues las policías municipal y estatal no quisieron intervenir por el número de soldados y su armamento. Esperaron a que abandonaran el sitio.

El gobierno del estado pidió que los responsables fueran procesados en tribunales civiles, no obstante, la oposición de los mandos castrenses que, cuando finalmente aceptaron, dieron cuenta de al menos cuatro deserciones, entregaron a ocho soldados y, a la postre, tres recibieron condenas, uno de ellos, sólo por lesiones leves. De la veintena de soldados, los únicos tres sentenciados ya están libres.

Los hechos de Castaños, ocurrieron cuando era comandante de la XI Región Militar, el general Roberto Miranda Sánchez, conocido por su mal carácter, cuya trayectoria en el Estado Mayor Presidencial (EMP) no le quitó el lenguaje cuartelero con el que maltrataba en público, inclusive a subordinados de alta graduación, como sucedía con el general Rubén Venzor Arellano, militar de formas más cuidadosas, que debió soportar la prepotencia de Miranda.

Miranda llegó en 2009 a ser inspector y contralor general de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), e inclusive, se promovió para alcanzar la titularidad de la dependencia en abierta competencia con Salvador Cienfuegos en 2012. No lo logró y entonces pasó a retiro.