En Guanajuato los adolescentes quieren ser huachicoleros

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Un reportaje llevado a cabo por el semanario Proceso en su edición del 26 de enero, expone la decadencia moral que ha generado la presencia del robo de combustible en las zonas más vulnerables del país. Decenas de comunidades en los alrededores del paso de los ductos que transportan gasolina en Guanajuato, se han visto corruptas, desde la adolescencia, por la presencia del «huachicoleo». «Esto es generacional. Si sabes que puedes vivir bien ¿para qué te rompes la cabeza?».

Aspiraciones sin oportunidades.

Los jóvenes de las comunidades en Guanajuato explican los sociólogos Saúl Arellano y Raymundo Sandoval a Proceso, tienen metas aspiracionales mucho más elevadas que en otras regiones del país. Buscan ingresos, estatus y una mayor presencia social, y la forma más fácil de ingresar a ese hermético mundo, es a través del crimen organizado. Es un estado dónde el ámbito político se ha vuelto monótono y fracturado, dónde un sólo partido, como en antaño, controla toda la realidad política, la juventud encuentra poco interés en externar su problemática.

Mientras tanto, los políticos guanajuatenses se enorgullecen de las empresas que se han asentado en su estado. El presidente municipal de Irapuato, Ricardo Ortiz, quien ocupa el puesto por tercera ocasión, asegura que los problemas en Guanajuato son de carácter social. Minimiza el problema y dice que hay pocas personas dedicadas a robar combustible. Irapuato puede presumir tener una tasa de desempleo menor al 1% de su población, sin embargo, con todo y fábricas, seguridad social y empleo, hay huachicoleo.

Y es que la escalera social se ve truncada desde un principio. El Anuario estadístico del INEGI del 2017 indica que en Guanajuato 35 mil 400 estudiantes se inscribieron al nivel secundaria, de estos, sólo 22 mil lograron ingresar al nivel medio superior. La cifra se reduce aún más cuando hablamos del nivel superior, dónde sólo 13 mil 455 alumnos ingresaron en 2017, una tercera parte de los que ingresaron a la secundaria. Sólo 1 mil 926 egresarían y sólo 1 mil 710 se titularían, algo así como el 4% del total. En ese sentido, quienes cuentan con formación profesional son, hasta cierto punto, privilegiados y pocos.

De la cohesión a la degradación.

El 14 de diciembre pasado, agentes de la entonces Procuraduría General de la República, ingresaron a una empresa denominada «Fertilizantes del Bajío» después de que Pemex obtuviera una orden de cateo para el lugar. En el establecimiento, fueron hallados 30 mil litros de combustible y mangueras directamente conectadas al ducto Salamanca-León. El negocio se encontraba ubicado en la colonia Nuevo México.

La colonia Nuevo México se ubica en Silao, Guanajuato y hasta hace unos años la comunidad vivió ilusionada con recibir algo, aunque sea poco, del progreso industrial que ha vivido el Bajío en años recientes. La realidad es que las promesas sólo se cumplieron a medias, y el robo de combustible terminó convirtiéndose en una opción para mejorar sus ingresos.

Con más de 3 mil 500 habitantes y cercana al Aeropuerto Internacional del Bajío, la zona cuenta entre sus memorias, la expropiación de terrenos para la construcción de un parque industrial y un posterior litigio por el pago de las tierras. Hace unos 10 años, la autoridad les prometió empleos, concesiones de taxis y progreso por el aeropuerto y la zona industrial, nada de eso llegó. Hoy en día, forma parte de la millonaria industrial del huachicol, donde nada más en 2018, 250mil litros de combustible, de los cuales 160 mil era lo que se denomina «crudo mediano» fueron decomisados en la colonia.

La colonia Nuevo México, es una de tantas historias que se pueden encontrar por doquier en Guanajuato en el corredor industrial entre León y Celaya. En colonias de Silao como la San Antonio del Carmen y la Dolores Hidalgo, decomisaron el mes de diciembre, combustible en bodegas, depósitos y almacenes. De igual manera combustible robado fue recuperado en las comunidades El Caracol, Villagrán, Refugio de los Sauces, Santa Rosa, Plan de Ayala; las colonias Puente, San José de Yustis, San José de Nuevo, Resurrección, Segunda Fracción de Crespo, San Isidro de Helguera de Celaya; y finalmente en las colonias Emiliano Zapata y Pénjamo en León.

Decenas de comunidades y colonias, dónde adolescentes y adultos, se dedican al robo de combustible. Comunidades dónde cientos de estudiantes abandonan sus estudios para dedicarse a ser pinchaductos, halcones y hasta gente dedicada a contratar otros huachicoleros. Una disrupción total en las comunidades, hasta no hace poco, dedicadas a cosas totalmente ajenas al robo de combustible, hoy conectadas con el crimen organizado y en Guanajuato dónde las tasas de criminalidad no dejan de subir. Quizá más que un problema de seguridad, estamos hablando primero de un grave problema social dónde el huachicoleo es un síntoma de una destrucción casi total del tejido social.