Tema Texcoco: el gobierno de AMLO quiere pagar bonos por 1,800 millones de dólares

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El tema de la continuidad de los trabajos en Texcoco ha sido el primer gran conflicto del gobierno obradorista. El anuncio de que habría de continuar la obra del nuevo aeropuerto peñista fue un duro golpe para un gobierno que tenía como premisa clausurar por completo la obra aeroportuaria. El asunto es que los días sin operar costarían millones de pesos por multas e incumplimientos de contratos vigentes. Por el momento, la promesa de campaña del presidente Obrador está en pausa.

Para evitar que el proyecto más importante de la administración peñista continúe, el gobierno de López Obrador ya se muestra dispuesto a pagar los bonos pendientes de la construcción del aeropuerto en Texcoco. El gran problema es su costo. La inversión nacional y extranjera en la obra hace que los bonos cuesten hasta 1,800 millones de dólares, un monto que sin duda lastimaría la cartera del nuevo gobierno de izquierda.

Recordemos que una consulta ciudadana realizada en noviembre de este año terminó con un rechazo total a la construcción del aeropuerto en Texcoco. Con esto quedaba confirmado que la ciudadanía estaba de acuerdo en frenar la obra de Enrique Peña Nieto, pero no sucedió de la misma forma con el sector financiero y los inversores. El peso se desplomó ante el dólar, la banca mexicana vivió sus peores semanas y ahora la industria privada amenaza con demandas mayúsculas en tribunales de Estados Unidos.

El recomprar estos bonos es una apuesta sencilla si se cuenta con finanzas sanas. Pero López Obrador acaba de heredar una deuda extranjera que Peña Nieto elevó hasta los 10 billones de pesos. Cargar con estos montos podría comprenderse como un derroche de recursos para un gobierno que se propuso no gastar demasiado en temas innecesarios. El nuevo aeropuerto capitalino en Texcoco está valorado en más de 13,000 millones de dólares.

En el tema de los bonos en papel, que es donde el gobierno mexicano pretende soltar recursos, se han emitido cuatro series por un total de 6,000 millones de dólares. El rendimiento de estos papeles se ha elevado bastante, después de que el tabasqueño concentrara todas sus fuerzas en cancelar la construcción en Texcoco y trasladarla a los terrenos de Santa Lucía, en donde prometió contratar a los mismos inversores y empresas presentes en la obra peñista.

Las reuniones para tranquilizarlos no han bastado y ahora el gobierno de izquierda enfrenta un dilema económico: no puede darse el lujo de gastar 1,800 millones de dólares después de haber prometido cifras enormes para duplicar las pensiones a adultos mayores, los programas de becas para jóvenes sin trabajo ni estudios y los apoyos inmediatos a comunidades en condiciones de pobreza extrema. Obrador pretende entregar buena parte del dinero ahorrado en su plan de austeridad a estas promesas de campaña.

El avance en el nuevo aeropuerto es del 30%, según algunos especialistas, y aseguran que cancelarlo no solamente es costoso, además compromete la credibilidad del nuevo gobierno ante la inversión extranjera. Recordemos que el triunfo histórico de la izquierda en México no fue muy bien recibido por el sector empresarial y patronal mexicano, esto, claramente, se trasladaría a la opinión del mercado inversor extranjero.

El gobierno mexicano quiere comprar rápidamente estos bonos y así evitar pagar las multas que generará detener las actividades en los terrenos de Texcoco. El problema está bastante enredado y deja ver que el poder económico será muy difícil de desprender del poder político, una de las más grandes intenciones del tabasqueño para el próximo sexenio.