Donald Trump repudia a los migrantes pero los usa para limpiar sus retretes

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Cuando se habla de contradicciones, los estadounidenses piensan automáticamente en su presidente. Donald Trump ha forjado un discurso presidencial basado en el ataque a las minorías, las contradicciones precisas y una intensa creación de enemigos para consolidar su visión nacionalista. Desde que se anunció como candidato republicano para la presidencia de Estados Unidos, el magnate de piel naranja aseguró que gran parte de los problemas sociales y laborales en el país se debían a la inmigración.

El discurso trumpista se lanzó de lleno en contra de los migrantes latinos, específicamente en contra de los millones de mexicanos que viven en Estados Unidos. Al analizar cómo operan los edificios de Donald Trump y su exclusivo club de golf en New Jersey, se pueden encontrar a varios de empleados latinoamericanos que no tiene un permiso legal para trabajar en la nación de Mickey Mouse. El club del republicano nacionalista ha sido atendido durante años por la guatemalteca Victorina Morales.

El cargo de ama de llaves fue entregado a Victorina después de años de trabajo y esfuerzo. La encargada de la limpieza general del club de golf Trump llegó a Estados Unidos de forma ilegal, es decir, sin papeles que permitieran su estadía en la nación del pay de manzana. Tuvo el mismo sueño que los miles de centroamericanos que esperan en Tijuana una oportunidad para lograr una mejor vida. Es justo con los compatriotas de Victorina con los que Donald Trump ha lanzado lo peor de su xenofobia federal.

Datos recabados por el New York Times confirman que varias empleadas de este club de golf fueron contratadas sin poseer papeles legales en el país. Muchas de ellas ingresaron desde el 2010, cuando el magnate republicano empezaba a afilar su discurso en contra de los migrantes latinos en Estados Unidos. Otro caso es el de Sandra Díaz, nacida en Costa Rica y miembro clave en el equipo de limpieza del club deportivo del presidente.

Junto con decenas de empleados más, estas dos trabajadoras latinas lavan las toallas de Donald Trump y sus cercanos, además de limpiar sus retretes, tender sus camas, doblar su ropa interior y mantener brillantes los suelos de un club deportivo de élite comprado por el magnate de bienes raíces en 2004. La membresía para poder fallar tiros al hoyo 18 en estos campos cuesta poco más de 100,000 dólares. Con intereses a retener la presidencia cuatro años más, el presidente estadounidense ha centrado sus ataques en contra de los indocumentados.

Con promesas de empleos para los estadounidense, su America First y un muro más alto para evitar el ingreso de indocumentados, el gobierno de Donald Trump se ha esforzado por encontrar en los mexicanos, costarricenses, guatemaltecos, salvadoreños y hondureños a los enemigos perfectos para culparlos por la crisis financiera, de seguridad y laboral que azota a Estados Unidos desde hace décadas. Por lo que no se explica por qué los complejos Trump continúan contratando indocumentados con salarios mucho más bajos.

En el caso de Victorina Morales, su excelente trabajo la ha posicionado hasta el cargo de ama de llaves de todo el club de golf, en donde también se le han garantizado los papeles legales para trabajar de forma permanente en la propiedad del presidente de Estados Unidos. Recordemos que cuando las cosas se ponen tensas en la Casa Blanca, el neoyorquino viaja sin dudarlo a su club de golf en donde encuentra un refugio tranquilo.

Cansadas de los tratos y el desprecio público de Trump hacia los latinos, ambas trabajadores han decidido exponer todas las contrataciones de indocumentados que sostienen su campo de golf y otros edificios del magnate. A pesar de que se negó la contratación de personas sin documentos oficiales, se sabe de varios empleados más que trabajan para Donald Trump sin tener papeles que les permitan hacerlo en una nación en donde el idioma español se impone día a día.