Destapan escándalo de abuso sexual por parte de un mando en La Salle

- Por

Los voluntariados religiosos son actividades que tiene como propósito ayudar a las comunidades más alejadas de todos los rincones del País, sin embargo, también son actividades donde, por la lejanía, pueden ocurrir crímenes y delitos de los cuales poco se llega a saber, tal es el caso de Sofía, joven de 23 años de edad, quien ahora ha denunciado penalmente al hermano lasallista Alejandro “G”, por presunto abuso sexual.

El voluntariado donde se cometieron los presuntos abusos a Sofía consiste en estar casi un año en El Salto, en la sierra de Durango, donde hay muchas comunidades de difícil acceso hasta donde los jóvenes llevan apoyo y catequesis, con la guía de los hermanos lasallistas.

Al terminar la preparatoria, Sofía se inscribió para participar en las misiones. Sofía recuerda que al poco tiempo de entrar le habían picado chinches en todo el cuerpo en una misión a una comunidad. “Me salieron ampollas, no podía dejar de rascarme”, recuerda.

Esa fue la ocasión que aprovechó Alejandro Gaxiola para sobrepasarse, ya que le indicó a la joven que le untaría Vick para quitarle la comezón, para ello la llevó a un lugar apartado, el hermano empezó a untarle el ungüento y a la vez le tocaba el cuerpo, lo que incomodó a Sofía y trató de detenerlo, “No pasa nada”, le reviró Alejandro.

Sofía le había contado tiempo atrás al hermano que le temía a la oscuridad y con la promesa que le ayudaría a superar su fobia la empezó a citar a las 11 de la noche.

“Me dijo que caminara sola por el pasillo, pero de verdad yo le tengo mucho miedo a la oscuridad. Me ponía muy nerviosa. Al final del pasillo me dijo que necesitaba que me quitara la blusa. Se me hizo raro, no es normal pensar que un hermano lasallista, una persona que ha venido a tu casa, te quiera hacer daño. Estaba oscuro, no pasa nada, pensé”.

Les decía que era terapia

Todo era aprovechado por el hermano Alejandro: si Sofía le contestaba en el día varias veces de una forma que no le gustaba, era el número de prendas que se tenía que quitar cuando tuvieran su “terapia”. “Había un conflicto en mi cabeza. Me sentía mal por lo que me estaba haciendo. Si le decía que ‘no’ se molestaba mucho conmigo, me gritaba. Que no fuera payasa, que él nunca me iba a hacer daño. ‘Chingada madre Sofía, quiero que entiendas que no lo hago porque quiero hacerte daño, es para ayudarte’, me decía”, cuenta Sofía.

En otra ocasión, en una comunidad, el hermano se quedó a dormir con los jóvenes voluntarios en un cuarto. Alejandro empezó a tocar a Sofía, primero la espalda, luego las nalgas debajo de la ropa interior. “Me tocó el pecho y pasó su mano enfrente de mis partes íntimas”, dice Sofía. Aquella vez se congeló, no supo cómo reaccionar.

En los otros casos de cinco jóvenes, todas ellas de la generación 22 del voluntariado (la misma de Sofía), coinciden en la forma como operaba el lasallista para engañarlas, aprovecharse y abusar de ellas. Una enfermedad o una lesión eran aprovechadas por el hermano para acercarse a las voluntarias; masajearlas, manosearlas y orillarlas a que se desvistieran.

Se lavan las manos

Luego del voluntariado, Alejandro continuó buscando a Sofía, lo que le dio el valor a la joven para contarle a sus padres lo que había pasado por medio de una carta. Sus papás hablaron con el director del Instituto Francés de la Laguna (IFL), el hermano Carlos Martínez, quien a su vez habló con el Visitador del Distrito México Norte, José Gabriel Alba Villalobos y le pidieron a Sofía que relatara una carta, la cual tardó 15 días en escribirla porque no podía narrarlo.

Después, el director del IFL aseguró a la familia -apenas en julio pasado-, que cambiarían al hermano Alejandro a Monterrey, que recibiría terapia, que se le había confrontado y había aceptado lo que hizo. La familia quedó conforme, pero el hermano Alejandro seguía como si nada y lo presumía en redes sociales.

Luego de percatarse, la familia se entrevistó con el hermano visitador, a quien le pidieron la destitución de Alejandro de sus hábitos de hermano y les pagaran el tratamiento psicológico y psiquiátrico de su hija, pero toparon con pared:

“Ustedes no son una autoridad moral ni legal para decirnos qué tenemos que hacer. Ustedes no pueden decidir quién puede o no ser hermano, ¿Sólo porque dicen ustedes lo vamos a destituir?”, les respondió el hermano José Gabriel Alba y para calmarlos les prometió que hablaría con el “consejo de crisis”.

Tiempo después, a través del director del IFL, el visitador les mandó decir que no harían nada y que únicamente una autoridad legal les diría qué hacer. “Es el único caso. Procedan como crean conveniente”, fue el mensaje.

Así que el 8 de octubre de este año, Sofía y su familia denunciaron al hermano Alejandro por el delito de violación en grado de tentativa y están espera de que se emita alguna orden contra el religioso.

De las seis mujeres, hasta ahora Sofía es la única que ha denunciado en la Vicefiscalía de Lerdo, Durango, donde se abrió la carpeta de investigación 6746/18 por el delito de violación en grado de tentativa y a raíz de eso las otras cinco chicas están decididas a dar a conocer su historia de hostigamiento que padecieron, para que otras mujeres no padezcan el mismo terror.