China y Estados Unidos frenan su innecesaria guerra de aranceles

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Parte del problema económico actual puede entenderse gracias a los caprichos de dos naciones. Estados Unidos se niega a entender que ya no figuran como la máxima potencia empresarial del planeta. Las décadas de cátedra del poder yanqui se están desvaneciendo y la nación más relevante en este tema ahora es China, el país comunista que está generando un crecimiento económico impresionante. Para detener a los chinos, Donald Trump empezó a lanzar bolas de fuego disfrazadas de aranceles comerciales a la nación madre de la pirotecnia.

Estos ataques económicos empezaron una guerra de aranceles que torció las economías de ambos países y, con el poder internacional que ambas tienen, impactaron claramente en otros países del mundo. Ahora, en una reunión de líderes mundiales en donde Donald Trump se ha paseado como niño que no recibe en navidad lo que desea, el gobierno chino y el estadounidense aseguran que esta guerra arancelaria se ha terminado. Pero no hay acuerdos tan sólidos como para asegurar que esto no continuará en el futuro.

Como en toda guerra comercial, las dos partes afectadas siempre muestran sus rostros amoratados y con ausencia de piezas dentales antes de decidir pactos que terminen con los contundentes golpes económicos. En una cena argentina del G-20, Donald Trump se ha sentado frente a Xi Jinping, el líder chino, para garantizar un alto al fuego en el tema de los aranceles. Recordemos que cada nuevo día era una sorpresa para ver qué aranceles imponía el republicano a la nación de la muralla china. Prometen ya no hacerse daño, por lo menos desde esta trinchera.

El consejero de estado chino ha declarado públicamente que se termina este jaloneo internacional entre dos de las naciones más poderosas del globo, algo que inmediatamente replicó el gobierno yanqui. Se promete detener las imposiciones de aranceles en los próximos días, todo con miras a que Estados Unidos y China continúen dialogando para llegar a algún tipo de acuerdo que le permita a los dos competir y básicamente imponer sus visiones mercantiles al mismo tiempo en el resto del planeta. Se dieron como límite 90 días.

Donald Trump canceló todo compromiso que pudiera distraerlo de acudir al G-20 argentino. La idea del magnate republicano era enfocar todas sus fuerzas en un diálogo profundo con su homólogo chino. Esto quedó claro cuando ignoró al presidente argentino, Mauricio Macri, para tomarse la foto oficial del encuentro. También cuando llevó su plumón enorme a la desganada firma del T-Mec, el tratado económico más importante de Norteamérica, en donde se mostró apurado por huir de la reunión. El día clave fue hoy, cuando centró todas sus estrategias en generar algún acuerdo con Xi. El resultado es un alto total a una guerra arancelaria que lleva meses debilitando las economías de ambas naciones.

De no generarse este cese al fuego, China y Estados Unidos se habrían machacado durante los próximos meses. Estados Unidos ya había anunciado aranceles del 25% a diversas importaciones chinas que harían que la nación de Confucio sufriera un golpe de alrededor de 200 mil millones de dólares. Los chinos, claramente, no iban a poner la otra mejilla y preparaban aranceles similares para torcer a los yanquis. Recordemos los incrementos del 25% a la importación de acero y 10% al aluminio que debilitaron a ambas banderas.