Los Sackler, la familia que construyó un emporio con el dolor de otros

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Arthur, Mortimer y Raymond Sackler conformaron una de las familias más poderosas en la industria farmacéutica estadounidense, que hoy en día se encuentra en el ojo del huracán, luego del que el diario The New Yorker reveló parte de la estrategia que utilizó para construir un emporio con el dolor de otros.

Los analgésicos generados con base en opiáceos fueron el producto que catapultó las ganancias de una pequeña farmacéutica familiar conformada por los tres hermanos, quienes eran médicos de profesión.

La  familia Sackler

Hijos de inmigrantes judíos, nacidos en Brooklyn, Nueva York, los Sackler despegaron una poderosa estrategia de marketing que no sólo les aseguró ganancias, sino fieles seguidores, aun a costa de su propia salud.

Conocidos por su labor filántropa y por su sustantiva fortuna que asciende a 13 mil millones de dólares, lo que los pone por encima de los Rockefeller o los Mellons; lo que pocos saben es que los Sackler han generado gran parte de esta fortuna con base en un producto.

Se trata del OxyContin, un narcótico de larga duración, creado en 1995 para los pacientes que sufren dolor de intenso a moderado y que es comercializado por la empresa Pardue Pharma, quien logró 35 mil millones de dólares, por su venta a lo largo de estos años.

La condición de aliviar el dolor y mejorar la calidad de vida de millones de pacientes, le ayudó a este medicamento a posicionarse rápidamente en el mercado y a tener una aceptación mayor a lo debido entre los pacientes.

Mortimer y Arthur sustentaron las bases para exitosas campañas de marketing, que hacían ver al OxyContin como la perfecta solución para aliviar las molestias por 12 horas; pero poco hablaban sobre los efectos secundarios.

Con el bagaje que había tenido al promocionar tranquilizantes Librium y Valium, durante la década de los setenta, Arthur inició una campaña en medios para que el público conociera los beneficios del OxyContin y sintiera la empatía para consumirlo.

Lo que hasta entonces pocos conocían, es que este medicamento es elaborado de una sustancia extraída del opio y pese a ello, no contaba con ningún estudio clínico sobre cuan adictiva o propensa podría resultar su consumo excesivo.

El dolor de otros

De esta forma, bajo el lema “hay millones de personas con dolor y nosotros tenemos la solución”, este medicamento fue ganando terreno entre los médicos y los pacientes , al grado que resultó un éxito su venta.

“El objetivo debió haber sido vender la menor dosis del medicamento, al menor número de pacientes, pero este enfoque no resultó competitivo para la farmacéutica. Así que Purdue se propuso hacer exactamente lo contrario”, relató Patrick Radden, periodista a cago de la investigación.

De acuerdo con la publicación, los médicos fueron manipulados y corrompidos por sus pacientes, quienes prosperaron el negocio de emitir recetas de OxyContin, lo que a larga provocó abuso de la sustancia.

Los intoxicados pululaban en los hospitales, pues tácticas como moler, inhalar y disolver la pastilla, anulaba el mecanismo de liberación prolongada y brindaban una enorme carga de narcóticos en una sola toma.

Luego se descubrió que el comentario que argumentaba 12 horas de alivio no existía, debido a que el medicamento sólo actuaba durante ocho horas, otro efecto colateral de la fraudulenta estrategia de mercadotecnia.

Por su parte, Mike Moore, Fiscal General de Mississippi en entrevista para el citado medio, culpa a los Sackler y a su farmacéutica como autores iniciales y principales beneficiarios de la propaganda sobre el consumo de narcóticos en Estados Unidos.

Respecto a la sustancia genérica del medicamento, la cual podría ya empezar a generarse, la publicación destacó que la farmacéutica ha realizado muchos recursos para seguir ostentando la exclusividad de la fórmula, de la cual todavía no se desarrollan genéricos.

En este sentido, Pardue Pharma pidió a la FDA no aceptar las formulaciones genéricas porque no eran seguras; argumentando lo anterior la empresa bloqueó toda competencia genérica del OxyContin.

Esto que a que Pardue reconoció públicamente que el abuso en el consumo de OxyContin desarrolla dependencia física en los pacientes, lo que prácticamente es similar a la adicción.

Pese a todo esto, el diario alude a que los Sackler continúan recibiendo unos 700 millones de dólares al año de las empresas familiares y seguramente el futuro de OxyContin podría ser global.

Por lo que Pardue inició una estrategia de comercialización internacional, mediante la empresa Mundipharma para Asia, América Latina y el Medio Oriente, donde espera tener el mismo éxito que en Estados Unidos.

Mira la investigación completa en The New Yorker