El PRD llenó de basura publicitaria cada rincón de la Ciudad de México

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Parecía imposible ver terminada la continua línea de victorias del perredismo capitalino. Desde que Cuauhtémoc Cárdenas ganara la jefatura de gobierno no había otro partido que dominara el gobierno de la capital del país. Así se mantuvieron las cosas hasta que llegó Miguel Ángel Mancera al poder. Después de seis años, el perredista dejó una pésima imagen personal y de su partido. Los capitalinos le negaron otra oportunidad al PRD e impusieron a Morena a fuerza de votos de castigo.

En el PRD aún se preguntan qué falló. Entre muchas de las acusaciones está la forma en la que Mancera entregó la Ciudad de México a las empresas privadas y las élites inmobiliarias. Esto es cierto y afectó bastante su imagen política, pero también se dejó en claro que el perredista había dado libertad total para hacer de la mítica capital mexicana una hoja en blanco para las empresas de publicidad. Los anuncios espectaculares pasaron de poco más de 3 mil cuando entró Mancera hasta más de 9 mil.

Pareciera que cada esquina, espacio o rincón de la Ciudad de México estaba a la venta para material publicitario. Los anuncios espectaculares generaron una derrama económica de 4,500 millones de pesos anuales, durante el mancerato. Todo esto a costa de exponer a los capitalinos a la basura visual que de por sí ya era incómoda. Además, se aumentó el número de anuncios en autopistas, lo que puede estar relacionado con varios accidentes automovilísticos. Para sumar la inconformidad con esta práctica, tampoco se sabe bien qué se hizo con el dinero recaudado.

Estos 27 mil millones obtenidos por el gobierno del PRD en la Ciudad de México debieron ser utilizados para mejorar la ciudad o al menos realizar campañas para mejorar el impacto ambiental después de la colocación de miles de postes y vallas publicitarias. Lo cierto es que esta inmensa masa de espectaculares y publicidad de todo tipo solamente deja ver una vez más el matrimonio de conveniencias que orquestó Miguel Mancera y su equipo con la industria privada.

En los espectaculares de la Ciudad de México se pueden ver anuncios sobre marcas de alcohol, publicidad de gobierno de otras entidades, anuncios de librerías, joyas, bienes raíces, programas de salud, comida rápida, tiendas departamentales, eventos deportivos, conciertos, publicidad de radio, obras de teatro, pósters de cine, entre otros miles de servicios o productos. Durante el último sexenio perredista, la ciudad se convirtió en una estampa perfecta que deja ver el triunfo del capital privado.

Tan solo por la renta de una valla publicitaria, el gobierno capitalino debería ganar 20 millones de pesos anuales por concepto de impuestos. Lo mismo sucede con los espacios del Metro capitalino, en donde se puede ver publicidad en prácticamente cada rincón de las 195 estaciones del transporte público más utilizado en el país. En este sitio existen aún deudas por publicidad por más de 100 millones de pesos que los privados se niegan a pagar. Y tampoco es que al gobierno de Mancera le preocupara mucho el cobrar los montos millonarios, ya que muchos empresarios aún deben fuertes cantidades o han pagado al gobierno en especie.

Para que esta industria funcione correctamente es necesaria la participación de empresas de publicidad. Las principales son Showcase y JCD Co, además de otras 45 que generan los elementos visuales para que el gobierno logre estos pactos económicos con la industria privada. El tema de la contaminación visual es tan grave que ya se ha invitado a la nueva gobernadora capitalina, Claudia Sheinbaum, a que termine con el avance de la publicidad masiva.

El bombardeo de anuncios publicitarios tiene también su parte de daño emocional en los capitalinos. En la ciudad de las prisas, las masas y el estrés, la publicidad masiva contribuye a generar condiciones de estrés y distracción en los peatones y automovilistas capitalinos. Además, las formas de publicidad han pasado de simples carteles o banners a pantallas enormes en transportes y espectaculares, lo que ha elevado el nivel de gasto en energía eléctrica y también en peligros por el enorme peso de ciertos anuncios publicitarios.

Cuando Sofía se duerme en su pequeño cuarto en la colonia Roma, no puede dormir tranquilamente porque entre las ventanas se asoma una luz azul parpadeante colocada justo en frente de su edificio. La luz proviene de un anuncio de refresco que parpadea todo el día, ignorando el día a día de sus espectadores. Este es tan solo un ejemplo de la basura publicitaria que dejó el PRD como legado.

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