Peña Nieto cerró su gobierno y simuló compromisos con la sociedad

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Cada informe de gobierno del presidente mexicano estuvo lleno de cifras y presunciones sobre el apoyo constante a los mexicanos en temas como la pobreza, la seguridad, la lucha contra la corrupción y una férrea defensa a los derechos humanos. Este discurso se repitió en cientos de comerciales en televisión, spots en radio y banners en internet. Lo cierto es que un recuento general de la labor peñista deja ver a un gobierno cerrado que simuló compromisos con la ciudadanía.

Se trata de una presidencia completamente cerrada al diálogo, que privilegió la inversión en publicidad oficial que en el combate a la pobreza. Cuando se intentó ayudar a las familias y comunidades más pobres de México, se hizo bajo la premisa de desviar sus votos solamente en tiempos electorales. La de Peña Nieto podría convertirse en una de las presidencias que más ignoró las peticiones sociales, recordando bastante a esas épocas del priismo de los sesentas, en donde el presidente no inclinaba la cabeza para abajo.

Organizaciones sociales mexicanas denuncias que este fue un sexenio de perfecta simulación, en donde se prometió una cercanía con la sociedad que, a falta de quince días de gobierno, nunca llegó. En 2016, la presidencia peñista prometió trabajar a fondo para escuchar las demandas de la ciudadanía y las peticiones de las organizaciones civiles. El gobierno afirmó que trabajaría para garantizar condiciones de salud, cambio climático, pobreza, desigualdad, derechos humanos, igualdad de género y el incansable combate a la corrupción.

La fecha límite para cumplir con estas promesas a la sociedad civil era diciembre del 2018. Hasta la fecha, las organizaciones señalan que no se generó ningún avance destacable, pero que sí se presumieron cifras en combate a la pobreza, a la desigualdad, entre otras. Se remarcó en cada informe de gobierno y spot publicitario de Peña y su gabinete. Recordemos la titánica cantidad de cifras que presumió Rosario Robles en su comparecencia ante los diputados mexicanos. Aunque quedó claro que los recursos no llegaron a los mexicanos más pobres.

Los compromisos del gobierno de Peña Nieto incluían un diálogo constante con organizaciones civiles, además de aceptar sus peticiones en materia de derechos humanos, combate a la pobreza y otras demandas ciudadanas. Se sabe que desde la presidencia alteraron las redacciones de al menos cinco de siete compromisos entregados por las oenegés mexicanas. Esto generó, claramente, que el gobierno tuviera mucho menos compromisos que cumplir y se alteraran por completo los alcances reales.

Vamos a los ejemplos. Peña Nieto presumió la aprobación de la ley general en materia de Desaparición Forzada, como si esto fuera una respuesta inmediata a las solicitudes sociales en materia de derechos humanos. Lo cierto es que esta petición no formaba parte de los documentos iniciales entregados al gobierno priista, por lo que el resultado tuvo poca o nula apertura para la participación de la ciudadanía en la nueva ley. ¿El resultado? Una simulación total de apoyo ciudadano.

Lo mismo sucedió con las peticiones a sumar voces ciudadanas para el sistema nacional anticorrupción. Se alteraron los compromisos para cerrar estas decisiones y que la opción ciudadana no decidiera cargos como la designación del nuevo auditor superior, por ejemplo. Todo esto con la preocupación principal por dar una imagen de un gobierno mexicano justo, comprometido y abierto ante la opinión extranjera. Ese es básicamente el motivo por el cual Peña Nieto y sus miembros más cercanos impulsaron estas iniciativas cargadas de simulación.

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