La empresa Mars y dos universidades de EEUU roban muestras de ancestral variedad de maíz oaxaqueño

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Dos universidades y una empresa estadounidense se apropiaron indebidamente de características propias de un maíz de origen oaxaqueño. Dicho maíz fue desarrollado durante siglos a través de técnicas ancestrales de selección de semillas de los pueblos de Oaxaca.

¿Mars, Universidades Davis y Wisconsin Madison piratearon maíz oaxaqueño?

La Universidad de Davis en California y Wisconsin-Madison, así como la transnacional Mars Inc. aseguraron que fueron ellos quienes descubrieron la variedad de maíz originaria de Oaxaca.

La verdad, sin embargo, es otra. Pues de acuerdo con información recolectada por Animal Político a través de consultas al Instituto Nacional de Información Pública, las investigaciones fueron realizadas sin autorización gubernamental. Esto es, las características del maíz fueron literalmente plagiadas por las universidades y Mars.

Por increíble que parezca, la SEMARNAT llegó a declarar en agosto pasado que las investigaciones fueron hechas con todo en regla e incluso presumió el «descubrimiento» realizado por las universidades estadounidenses, Mars y el Tecnológico del Valle de Oaxaca.

La secretaría incluso aseguró que el estudio fue realizado con las autorizaciones oficiales pertinentes e incluso respetando el Protocolo de Nagoya. Este protocolo es un instrumento internacional que tiene la finalidad de garantizar el reparto justo de ganancias a través de la explotación de recursos biológicos y genéticos para el desarrollo de productos.

La SEMARNAT de igual manera aseguró que la explotación del maíz fue aprobada por las comunidades de la Sierra Mixe. De acuerdo con la dependencia, las comunidades otorgaron su consentimiento «previo e informado, y estableció los términos acordados para la distribución de los beneficios que de ella se deriven».

Sin embargo, como indicó Animal Político en su indagatoria, no hubieron tales permisos, autorizaciones, ni consultas al gobierno mexicano o a las comunidades de la Sierra Mixe. El medio digital asegura que inclusive los permisos para la toma de muestras fueron solicitados años después de que estas fueran realizadas.

Sierra Mixe de Oaxaca.

(Proceso) La Sierra Mixe es de dónde es originario esta variedad de maíz.

Ni novedad, ni descubrimiento.

A pesar de que las universidades estadounidenses calificaron al maíz como una «revelación» científica, la realidad es que otros artículos científicos como el publicado el pasado 7 de agosto de 2018 por Plos Biology titulado Nitrogen fixation in a landrace of maize is supported by a  mucilage-associated diazotrophic microbiota que reconoce las especies de maíz como criollas y desarrolladas a través de técnicas ancestrales.

El estudio detalla que son tres las variedades de maíz que se pueden encontrar localmente en la Sierra Mixe y son conocidas como maíz: rojo, piedra blanca y llano.

En entrevista para Animal Político, Yolanda Massieu Trigo, una especialista en sustentabilidad y soberanía alimentaria de la Universidad Autónoma Metropolitana comentó que este tipo de variedades de maíz son comunes. 

(Estos tipos de maíz) Son bien comunes, pertenecen a la comunidad (…) En los pueblos hay gente que va haciendo sus propios experimentos, seleccionando semilla, y son conocidos por sus vecinos, con los que comparten e intercambian semilla, entonces, por eso las variedades de maíz criollo no pertenecen a una persona, sino a todas, es una propiedad colectiva.

Sin embargo, la investigadora también subrayó su vulnerabilidad a empresas que buscan sacar provecho de éstas para privatizar su explotación a través de la conversión de la propiedad colectiva en privada.

Están a merced de compañías privadas que lo que buscan es convertir esa propiedad colectiva en propiedad intelectual individual para poder obtener ganancias.

Quizá lo más preocupante de la investigación presentada por la Universidad de Davis y Wisconsin-Madison es la ausencia de evidencias que soporten el hallazgo del maíz y cómo encontraron su potencial. El estudio únicamente se limita a mencionar lo siguiente:

Nos enteramos de variedades nativas aisladas de maíz en la región Sierra Mixe de Oaxaca que, según los informes, se cultivaron utilizando prácticas tradicionales con poco o ningún fertilizante.

Mars Países Bajos.

(Mars) Mars es una de las principales involucradas en la toma ilegal de muestras en la Sierra Mixe de Oaxaca.

Irregularidades y omisiones por doquier

Por otro lado, Mars afirmó que las investigaciones fueron realizadas en cooperación con la SEMARNAT, SAGARPA y las comunidades de la Sierra fueron parte del proyecto. De igual manera asegura que llegaron a un acuerdo de acceso y distribución de beneficios con la comunidad e incluso con la autorización del gobierno mexicano. Sin embargo, las fechas no coinciden.

De acuerdo con el estudio, la toma de muestras inició en 2006, los experimentos empezaron en 2010 y las observaciones tardaron cinco años en desarrollarse, hasta 2015 que derivaron en experimentos que concluyeron en 2017. Eso quiere decir que los encargados de la investigación debieron haber pedido el permiso antes de 2006. Sin embargo, el permiso fue obtenido mucho después.

De acuerdo al permiso solicitado por BioN2, una filial de Mars, Animal Político detalla que fue solicitado en 2015, es decir, nueve años después. Inclusive, de ser cierta esta fecha, sería hasta después de concluidas las observaciones que se pidió el permiso por parte de las universidades y Mars.

Esto además contraviene lo depuesto en los artículos 87 y 87 Bis de la Ley General de Equilibrio Ecológico. Los numerales especifican que antes de iniciar cualquier tipo de investigación sobre recursos biológicos mexicanos, se deberá tramitar un permiso para el levantamiento de muestras. Estos permisos se dividen en aquellos destinados a proyectos sin fines de lucro y para otros con fines de lucro.

Ley Federal de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente, Artículo 87.- (…)La colecta de especies de flora y fauna silvestre, así como de otros recursos biológicos con fines de investigación científica, requiere de autorización de la Secretaría y deberá sujetarse a los términos y formalidades que se establezcan en las normas oficiales mexicanas que se expidan, así como en los demás ordenamientos que resulten aplicables. (…)

A esto se suma que la Norma Oficial Mexicana 126-ECOL-2000 señala de igual manera la necesidad de tramitar un permiso, así como cumplir con ciertas condiciones específicas previas a la recolección de los recursos. Entre algunos de los requisitos están el obtener una licencia como «colector científico». 

Tras obtener la licencia, el interesado deberá presentar su proyecto ante la SEMARNAT y demostrar contar con lo el consentimiento previo, expreso e informado del poseedor de estos recursos, en este caso, de las comunidades de la Sierra Mixe.

Finalmente, el investigador interesado deberá compartir sus hallazgos con alguna institución científica mexicana y entregar un informe anual de sus labores de investigación.

Ni Mars ni la Universidad de Wisconsin-Madison ni la Universidad Davis cumplieron con la normatividad oficial. En caso de incumplimiento, estarían impedidos, supuestamente de entregar las muestras a colecciones extranjeras. 

La SEMARNAT informó que no se le otorgó ningún permiso a alguna de las tres instituciones, es más, el permiso otorgado en 2015 fue tramitado por otra dependencia. Esta dependencia es el Servicio Nacional de Inspección y Certificación de Semillas que es dependiente de la SAGARPA.

A esto se suma que el Servicio Nacional de Inspección le solicitó a la SEMARNAT que se pronunciara al respecto de la solicitud realizada por BioN2, sin embargo, la dependencia dijo que esto estaba fuera de su competencia, aunque esto no es del todo cierto pues la SEMARNAT es la facultada para aquello. A pesar de ello, los experimentos continuaron.

La SEMARNAT reconoció los hallazgos de la investigación hasta que fue publicado el estudio de Plos Biology Journal que desmentía el origen de los hallazgos. Mars difundió en un comunicado congratularse por el hallazgo y dijo que tiene un gran potencial y podría ser de utilidad para aquellos que no quieran usar fertilizantes agroquímicos.

SEMARNAT desconce existencia del convenio.

(Tierra Fértil) La SEMARNAT no tiene conocimiento de los términos en que se firmó el supuesto convenio entre Mars, las universidades y la o las comunidades.

Una comunidad sin nombre y un convenio simulado.

Por si lo anterior no fuera suficiente, de acuerdo con información recabada por Animal Político, las comunidades tampoco fueron consultadas. Es decir, no existe una autorización por parte de las comunidades indígenas de los 17 municipios que componen la Sierra Mixe.

Al solicitarse una copia del supuesto convenio firmado por las comunidades indígenas y las empresas, la SEMARNAT dijo que dicho documento no existía. La dependencia dijo que se trató de un «acuerdo entre particulares.» 

Animal Político cuestionó a la SEMARNAT sobre los términos del convenio y descubrir si estos se apegaban o no al protocolo de Nagoya, sin embargo, no obtuvo respuesta.

A esto se suma que la legislación federal obliga a aquellos que soliciten la firma del convenio a solicitar el visto bueno por parte de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. Cómo es evidente, tampoco se les hizo saber.

Al ser cuestionada sobre las omisiones por parte de aquellos encargados de la investigación, Mars se negó a dar una entrevista a Animal Político pues asegura que no puede dar el nombre de la comunidad que le otorgó el consentimiento para «mantener su privacidad.»

A esto se añade que a pesar de que la SEMARNAT aseguró que el convenio fue llevado a cabo entre particulares, de acuerdo con Mars, el convenio fue firmado en conjunto con las autoridades municipales. Es decir, hubo la intervención de un órgano estatal. La empresa también se negó a proporcionar el nombre del municipio involucrado.

Animal Político buscó contactar al Instituto Tecnológico del Valle de Oaxaca, quien supuestamente colaboró con Mars y las dos universidades estadounidenses en la investigación. El Instituto negó haber participado en la investigación, aunque reconoció que uno de sus académicos, el profesor Javier López Baltazar sí firmó el artículo científico.

El profesor López Baltazar se negó a dar una entrevista a Animal Político. Todo parece apuntar a que efectivamente, nunca se le pidió permiso a comunidad alguna para la toma de muestras.


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