Los montañeros, etnias indígenas que exigen ser reconocidas en Acapulco

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La problemática social, económica y la violencia son los principales motivos que mueven a por lo menos 35 mil mexicanos cada año a migrar internamente en el país; tal es el caso de los montañeros, un grupo de etnias indígenas que exigen ser reconocidas en Acapulco.

Una investigación el portal Pie de Página reveló la difícil situación que enfrenta este grupo de etnias que agrupa a gente de las comunidades nahuas, ñom’da, nankue, me´phaa y tu´un savi, ubicadas en La Montaña Alta de Guerrero, desde los años cuarenta, cuando emigraron al puerto.

Provenientes de una de las regiones más pobres de México, durante décadas estas personas han luchado por las calles de Acapulco, empleándose como trabajadores de la construcción, empleadas domesticas o vendiendo sus artesanías en el puerto.

Viviendo en la periferia de una gloriosa ciudad que tuvo su boom en los años cincuenta y que ahora trata de sobrevivir a la violencia y la corrupción que ha mermado la afluencia turística, fuente de ingresos principal de estas etnias.

Pensando en un futuro mejor para sus hijos, los indígenas reclaman que sus lenguas maternas se enseñen en las escuelas públicas, para mantener su identidad y se eche abajo la política educativa, ya que aseguran que sólo sirve para “desindianizar” al país.

Etnias indígenas en el olvido

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en México existen 68 pueblos indígenas distribuidos por todo el territorio nacional, a los que pertenecen 11 millones de personas, lo que representa casi 10% de la población total del país.

De estos 11 millones de habitantes, actualmente sólo 6.5% habla todavía alguna lengua materna, es decir, en México quedan 7 millones 382 mil 785 personas monolingües, que no comprenden el español.

Este grupo poblacional es vulnerable a abusos, maltrato y violaciones de Derechos Humanos, ya que en pocas ocasiones pueden contar con un intérprete, teniendo como resultado que los padres dejaron de enseñar la lengua a sus hijos, por el dolor que ellos sufrieron.

“Los indígenas padres sufrieron muchas humillaciones hace tiempo, cuando ellos iban a una dependencia de gobierno no los atendían; cuando el gobierno se reía de ellos o cuando eran detenidos arbitrariamente, nadie los asesoraba ni los traducían a su lengua. Por eso no quieren que a sus hijos les pase lo mismo”, explicó Rogelio solano, supervisor de escuelas bilingües en el puerto.

Teniendo como objetivo conservar y fortalecer su lengua materna, en 1994 se creó la primera escuela bilingüe indígena en Acapulco, para apoyar a hijos de migrantes de estas comunidades a tener una educación completa.

Educación bilingue en Acapulco

“En nuestras escuelas tratamos de enseñar nuestra lengua, para que otros niños puedan hablarla, aunque sea para saludarse entre ellos, aseguró Antonia Yeti Vázquez, directora de la escuela primaria bilingüe indígena Acamapichtli.

Según la publicación estos espacios escolares, de reducidas dimensiones y mal equipados, son un paraíso para los niños, donde estudian sin ser discriminados y pueden hablar su lengua materna sin que nadie los menosprecie por ello.

Pese a que desde 2002, el gobierno creó la Unidad de Asuntos Indígenas (UAI) del Ayuntamiento de Acapulco, subordinada a la Secretaría de Desarrollo Social, ésta poco ayudó por falta de presupuesto.

Sin embargo, en 2003 logró hacer un recuento efectivo sobre los grupos indígenas que radicaban en el puerto, donde se contabilizó a 10 mil 269 migrantes, distribuidos en las siguientes etnias: nahuas, 3 mil 805; ñuu savi (pueblo mixteco), 3 mil 100; me’phaa (tlapaneco), mil 310; ñom’daa nankue (amuzgo), mil 173; binizaa (zapoteco), 364. Y otros no identificados, 517.

Hoy en día, cifras no oficiales hablan acerca de 30 mil indígenas migrantes viviendo en el puerto, a causa del empeoramiento de condiciones en La Montaña Alta, lo cual sumó problemas a los asentamientos irregulares en la periferia de la ciudad turística.

Pese a ello, estas personas luchan cada día por conservar su identidad en un espacio con muchas carencias, dentro de las colonias que conforman uno de los cinturones de miseria más significativos en el país.

Lee la investigación completa en Pie de Página