El PRD se queda sin cabeza en el peor momento de su historia

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Nadie quiere enfrentar la peor crisis económica y política que vive el PRD. Después de una derrota tremenda el primero de julio, su líder Manuel Granados ha decidido renunciar a la cabeza del partido y deja una vacante en el peor momento para la unificación del perredismo nacional. Después de asegurar que enfrentan una megadeuda de hasta 900 millones de pesos, Granados presenta su renuncia y surge la pregunta más importante: ¿quién querrá dirigir a un partido propenso a desaparecer?

La última gran polémica de Granados como presidente del PRD fue acusar a López Obrador, próximo presidente de México, de haber generado la gran deuda que mantiene paralizado al partido que estuviera a punto de ganar el gobierno federal en 1998 y 2006. Históricamente recordado como el primer gran partido de izquierda unificada en México, el perredismo actualmente atraviesa por una crisis financiera y de identidad tan fuerte que incluso se contempla la idea de desaparecer el partido.

Después de gubernaturas llenas de polémica como la de Graco Ramírez y Silvano Aureoles, además de la desastrosa administración de Miguel Ángel Mancera en la capital mexicana, el perredismo no logró conquistar ninguno de los puestos más importantes en las pasadas elecciones. Sus derrotas más dolorosas también fueron las más criticadas: Ricardo Anaya en la contienda presidencial y Alejandra Barrales en la Ciudad de México. La militancia dejó en claro que estas imposiciones no iban de acuerdo a los lineamientos originales del partido. La derrota fue total.

Granados deja la presidencia asegurando que el partido del sol azteca no está muerto y que pretende dar paso a una persona mejor calificada por la militancia perredista. La renuncia del hombre cercano a Mancera deja ver una falta de planeamiento para reestructurar un partido que ya contempla cambiarse de nombre y colores. Para las tribus internas del perredismo, otra de los temas responsables de la división del partido, ya no resulta tan atractivo controlar un partido endeudado y sin un futuro claro para las elecciones del 2021.

“El PRD tiene que empezar un proceso de deliberación interna luego de los resultados de la pasada elección y del derrotero que está tomando el país”, comentó Granados en su renuncia, dejando en claro que el perredismo aún tiene mucho que aportar a la vida política del país. Lo cierto es que el partido quedó reducido en las cámaras legislativas, con apenas cinco senadores y apenas 22 diputados, además de perder su control total en la capital del país.

Con las pocas opciones con las que cuenta el partido para resurgir, los pocos legisladores perredistas aseguran que serán una oposición responsable y que habrán de proponer una agenda legislativa sólida y contundente que llamará la atención de los mexicanos para elevar de nuevo el prestigio del partido que lanzara a un panista como candidato presidencial.

Por el momento no hay muchas manos levantadas para liderar al PRD más fracturado en la historia. Lo cierto es que se habrán de realizar encuentros nacionales con la militancia para conocer su opinión e impulsar un candidato o candidata que represente los valores de un partido que fue creado para contrarrestar el poder del PRI y que ahora tiene entre sus filas comportamientos similares a los del partido más antiguo de México.