La cúpula panista se reunió para echarse la culpa por la derrota electoral

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Al partido Acción Nacional le tomó más de cuarenta días reponerse de la tragedia electoral que vivieron el primero de julio. Ya con los pulmones frescos y la cabeza más fría, el partido conservador se ha reunido para intentar explicarse cómo fue que los mexicanos no votaron a favor de su extraña alianza con el perredismo nacional en todo México. En una asamblea nacional forrada de color azul, el panismo metió las pinzas para evaluar el problema.

Completamente dividido, Acción Nacional ha elevado la tragedia a un solo nombre: Ricardo Anaya. El queretano, que lideró la fuerza política y luego se insertó de forma terca en la candidatura presidencial, parece ser el culpable de todo, según una mayoría panista cercana al expresidente Felipe Calderón. Lo que parecía ser un encuentro tradicional, se convirtió en un caldo de acusaciones. Por otro lado, tenemos a Anaya, quien le echa la culpa de la derrota a la división creada por los calderonistas.

El principal problema fue que varios panistas de renombre repudiaron públicamente al queretano y prefirieron, también públicamente, apoyar la gris candidatura de Antonio Meade. Con esto quedó claro que no había “unidad en el partido”, dice Zepeda, quien es aún líder del partido conservador. Para confrontar estas acusaciones, se habló de la mala idea de unir las agendas del PAN con las del PRD. Para miles de panistas este gesto fue imperdonable y también se tradujo en un castigo electoral.

En un segundo lugar muy lejano de López Obrador y apenas arriba de Antonio Meade, el candidato panista a la presidencia registró una cantidad escasa de votos que regresó al panismo a los años ochenta. Con esta falta de fuerza y convocatoria, el queretano, derrotado, ya anunció que su lugar no estará en la política nacional, así que prefiere ir a dar clases en Estados Unidos. La salida de Anaya en el tablero político abre paso para que los calderonistas se acomoden en la fuerza conservadora.

Pero la lucha por controlar al panismo no solamente se debate entre anayistas y calderonistas. Hay otras figuras polémicas de Acción Nacional que también quieren controlar el destino de la fuerza católica para las elecciones intermedias. Con un aire de grandeza y acompañado de una figura igual de polémica como su esposa poblana, Rafael Moreno Valle escuchó atento las quejas y disculpas de sus dirigentes, vendiéndose como la única opción para salvar al panismo.

Y es que parece difícil entender cómo es que hay tantas personas interesadas en sentarse en un trono tan débil. Liderar al PAN a nivel nacional es una tarea titánica, ya que se debe reordenar a uno de los partidos más separados en la historia de México. Las heridas son tan profundas que las excusas para justificar la derrota son el ejemplo más grande de la falta de unidad. Básicamente todos se están echando la culpa para ganar simpatías de la militancia y dirigir a la fuerza política azul.

Después de la aplastante victoria de Morena, en el PAN existe un aire de derrota que no se recompone gracias a esta falta de liderazgos sólidos. Entre los hombres que más pretenden hacerse con la presidencia del panismo están Marko Cortés, Gil Zuarth y Moreno Valle. Los dos primeros con muchas más posibilidades. Los grandes ausentes: Castañeda y Calderón.