Un nuevo gobernador del PRI es una idea que solo entusiasma en Yucatán

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En uno de los estados más alejados de la capital mexicana donde se concentra el poder político, la idea de un gobernador priísta aún suena fresca e interesante. Se trata de Yucatán, el único territorio en donde el PRI se siente confiado de que ganará el próximo domingo. Sin embargo, en México hay nueve vacantes para gobernador y ocho ya las dan por perdidas.

Los yucatecos tienen una tradición priísta que los ha mantenido tranquilos durante años. Son el estado más pacífico del país y los escándalos por corrupción, desvíos de recursos y tráfico de influencias son escasos. Tampoco es que les llegue demasiado esa percepción de que el priísmo está en crisis nacional. Como si se trata de un territorio aparte, en Yucatán ya esperan la victoria inevitable de Mauricio Sahuí.

La predilección del país, según las encuestas, por la opción de izquierda de Morena, tampoco les llega a los yucatecos. Después del liderazgo del priísta, el siguiente en la pelea es un panista ligado al ámbito empresarial, Mauricio Dosal. Entre ambos ya hay una brecha de al menos ocho puntos que podría incrementarse hasta diez, según métricas locales.

Pero aunque esto represente una victoria territorial, es mínima comparada con el escenario nacional. El PRI ha perdido poder en el centro y norte del país. La Ciudad de México la tienen prácticamente perdida. También en Jalisco, Morelos, Puebla y Tabasco, las competencias por las gubernaturas las mantiene el Frente (PAN, PRD, Movimiento Ciudadano) y Morena.

Para los priístas del centro del país, la relación con el priísmo yucateco es cuando menos complicada. Cuando el partido de Echeverría y Peña pensaba en quién elegir como candidato presidencial, la exgobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega, levantó la mano para ser la primera mujer priísta en aspirar por la presidencia de México. La solicitud no solamente fue ignorada, también se le cerró el paso cuando quiso formar un movimiento para reclamar la vacante.

En un estado que presume sus cifras de seguridad y limpieza, las promesas son mucho más distintas a las del resto del país. Mientras Mikel Arriola promete cárcel a adictos, censura a los avances en materia de aborto y policías más duros con las marchas ciudadanas, en Yucatán las promesas van de mejores autobuses para el transporte público. Sahuí también promete más policías para mantener la paz en el estado maya y empleos.

Yucatán resulta importante a dos días de las elecciones ya que muestra una esperanza priísta que ni siquiera el partido mismo contemplaba. En este lugar es en donde Antonio Meade podría tener los mejores números del sur de México. Entidades como Oaxaca, Chiapas, Tabasco y Veracruz ya mantienen un castigo al PRI por sus exgobernadores y la corrupción que dejaron.

También los yucatecos demuestran la poca atención que puso Morena a uno de los estados turísticos más importantes del mapa nacional. Si bien se redobló la propaganda morenista en Tabasco, Puebla y Veracruz, en Yucatán apenas se atendió la intención de Joaquín Díaz, un ganadero que mantiene un lejano tercer sitio en las encuestas del estado de la cochinita y los salbutes.