La imagen presidencial: de la máscara de Salinas al peluche de AMLO

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Los mexicanos no son fanáticos de sus políticos. Si en otros países hay cabida para la idea de un político elevado a la categoría de rockstar, México no es el lugar adecuado para intentarlo. Durante décadas, la figura presidencial ha estado ligada al hartazgo, la burocracia, lo privado y hasta lo aburrido. Nadie les pedía autógrafos ni una foto cargando a sus bebés.

Durante los setentas, ochentas y noventas, la imagen presidencial era intocable y los mexicanos percibían una distancia tan grande entre el gobernante y el gobernado que no valía la pena acercarse. La impopularidad de presidentes como Díaz Ordaz, Echeverría, Salinas y Zedillo apenas se mostraron alteradas en el peligroso arte de la caricatura política. Para los noventas, los mexicanos se sentían tan inconformes que la cara de Carlos Salinas de Gortari se empezó a asociar con una rata.

Algo que no estaba permitido empezó a hacerse popular. De repente la máscara de Salinas era una constante en las fiestas y el tono de burla y crítica contra la figura presidencial inició para no detenerse. El caso de Salinas fue alarmante, se orquestó un fraude electoral inmenso para insertarlo en la presidencia de México, a pesar de la popularidad de su rival de izquierda, Cuauhtémoc Cárdenas. Con esto, sumado a una crisis económica grave, los mexicanos tuvieron el valor de burlarse del presidente.

Salinas

Fuente: Twitter

La tendencia continuó. Zedillo tuvo una presidencia gris que quedó opacada con el triunfo de Vicente Fox. El candidato panista marcó un cambio histórico y permitió que los medios pudieran ser más críticos con la figura presidencial, incluso burlescos. El respeto total al presidente de torció cuando un alumno de secundaria puso sus dedos a manera de cuernos encima de la cabeza de Fox para una foto.

Los programas de comedia política se hicieron populares y Felipe Calderón, un michoacano católico con poco carisma, tuvo que aguantar esta nueva forma de tratar a un presidente. 

Caricatura

Fuente: Blogspot

Peña Nieto y López Obrador se insertaron en la política nacional cuando la burla era la norma. La caricatura política, la sátira, la comedia y básicamente todo aspecto relacionado con la política era tomada con humor por los mexicanos. Si el hartazgo no bastaba, ahora podían reírse del presidente sin temor a represalias. La imagen presidencial se convirtió en memes y Peña fue recibido en la universidad Iberoamericana con rostros en papel del expresidente Salinas y la leyenda “soy tu padre”.

Salinas de Gortari

Fuente: La Jornada

Por el otro lado, López Obrador figuró desde su primer intención presidencial como un viejito dientón y canoso, a través de una caricatura que se ha hecho bastante popular en el país, elaborada por el monero Hernández. Para las elecciones de 2012, los mexicanos ya conocían al tabasqueño y las urnas mostraron un avance en sus predilecciones. Perdió contra Enrique Peña y para su tercer intento arrasó con el PRI y los demás partidos.

En los mítines de campaña del 2018, se podía ver mercancía oficial de Morena, su partido de apenas cuatro años. Había sombrillas, bolsas, calcomanías y peluches del candidato. Los pejeluches dejaron en claro una cosa, los mexicanos pasaron de producir imágenes de políticos a manera de burla a consumirlas a manera de curiosidad. La política en México empezó a ser rentable y por primera vez los candidatos eran productos coleccionables.

Desde calcetines con la cara de los presidenciables, pasando por dispositivos USB de Obrador y Peña, creados por el medio El Deforma, hasta máscaras, playeras y peluches de los presidentes de México, el consumismo supo adaptar a hombres que representaban tedio, repudio o indiferencia en figuras de valor y consumo a la par de muñecas Barbie, autos Hot Wheels o estampas deportivas de Panini.

Lo que vemos ahora es una fórmula inédita. Los mexicanos ya no le tienen miedo a la política en general. La cantidad de personas que salen a votar en el país es cada vez mayor y los temas políticos dejaron de ser un tema polvoso y adulto para convertirse en un tema del día a día. Ya sea con máscaras o peluches, los políticos han entrado a las casas de los mexicanos. Una tarea imposible hace unas décadas.