Detrás del apodo ‘Juan Trump’ hay un gran respeto hacia AMLO

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Parece que el presidente de Estados Unidos no ha querido atacar al tabasqueño ganador de la presidencia en México. Basados en la cantidad de bullying que Donald Trump le hizo a Enrique Peña Nieto, se vislumbraba un escenario similar después del primero de julio. No sucedió. Al contrario, Trump y López Obrador han mantenido un clima de calma y respeto. Incluso el presidente de Estados Unidos llamó Juan Trump a su futuro homólogo mexicano.

Parece que el magnate republicano no usará la misma estrategia que con Enrique. Con Obrador se tiene que fajar la camisa y repensar cada palabra. Ese Juan Trump no es una burla ¿Porqué decidió no atacar? En principio, porque Peña Nieto y Andrés Manuel no representan lo mismo. El priísta llegó al poder sin que muchos celebraran su triunfo y durante su mandato su popularidad cayó de manera tremenda. Con el tabasqueño ocurrió lo contrario: ganó con 30 millones de votos y su popularidad es clara. Trump no puede jugar con eso. Al menos no hasta ver cómo gobierna Obrador.

Dentro de la Casa Blanca se puso especial atención a lo que sucedió el domingo primero de julio en el país debajo de ellos. Con miras a reelegirse, Donald Trump tiene que modificar su discurso en contra de México. Si bien su tendencia a la xenofobia y a satanizar la crisis migrante siempre lo acompañará, Trump no puede lanzarse en contra de un mexicano que tiene 30 millones de seguidores y que mantiene una imagen favorable con los mexicanos en Estados Unidos.

El voto latino se ha convertido en un factor clave para ganar varios estados en las elecciones yanquis. Por eso mismo es que parece ser Trump aprendió del slogan “abrazos, no balazos”, de forma figurada. Cuando se usó el apodo Juan Trump, parece ser que el estadounidense de esposa extranjera veía en Obrador a un hombre similar a él. Pero, ¿qué comparten? En principio, el voto de la clase media y baja; después, su tendencia nacionalista.

Si bien uno es un republicano neoliberal que se hizo rico con prácticas capitalistas, el otro es un político de izquierda-centro que se rehúsa a acumular fortunas. Las formas de ejercer política son distintas, pero las maneras de llegar a él son similares. Trump y Obrador mantienen el factor proteccionista y terco muy presente en sus discursos. Juan Trump es un ejemplo de lo que puede venir: un Trump que no ataca, más bien negocia, según la propia estrategia del magnate.

Para poner un punto de referencia tenemos que observar también el papel de Peña Nieto en todo esto. Desde antes de llegar al poder, Donald Trump ya se burlaba del priísta y cuando pudo defenderse y atacar, Peña decidió invitar al futuro presidente de Estados Unidos a México. Con esa invitación, Trump sabía que podía ofender al presidente mexicano y al país entero sin consecuencias. A cada acción de Donald contra México y los migrantes, la administración de Peña respondía con condenas a través de Twitter y hasta ahí. Ninguna decisión política realmente trascendental.

Durante estos ataques, Obrador sí respondió. En todo momento, el tabasqueño argumentó que el presidente de México debería ser más duro para defenderse y que intentar pacificar la tensión solamente le traería más problemas. El tabasqueño sabía lo que hacía. No solamente tiene 30 millones de votos históricos a su favor, también controla a Morena, el partido político más eficaz en la historia de México.

Con tan solo cuatro años de vida, Morena se ha apoderado del control político en México. El primero de diciembre del 2018, el partido guinda controlará el poder legislativo, ejecutivo y judicial al mismo tiempo y durante seis años. Esto hace de Morena un fenómeno internacional, no cualquiera puede presumir una victoria tan aplastante; y no solo eso, también pueden presumir que en una sola elección lograron tumbar al priísmo de un sitio que controlaron durante casi un siglo.

El nuevo control de Morena en México los hará el partido más poderoso y el maś rico, con 1,400 millones de pesos en presupuesto. Además, Obrador ya se aseguró una alianza con los empresarios más ricos de México y varios gobernadores de otras fuerzas políticas ya han aceptado trabajar en conjunto con él. Esta fuerza es inédita en México, por lo menos en el México democrático. Con este impacto, Donald Trump no puede jugar de la misma forma que con el PRI y Peña a la cabeza.

Las relaciones entre México y Estados Unidos están por cambiar de forma drástica.