El PRI ya buscan culpables después de tres debates grises

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Antonio Meade se ausentó cuatro días de sus mítines tradicionales para prepararse en su último debate presidencial. El hombre que se encargara de la tesorería mexicana durante el sexenio de Enrique Peña Nieto prometía un tercer debate presidencial lleno de sorpresas, ataques y posicionamiento en las encuestas. El debate yucateco pasó y Meade no lo logró.

Debido a que esta era la última oportunidad del priísta para lograr abandonar ese eterno tercer puesto desde el que arrancó al inicio de las campañas, las opciones parecen acabarse para Meade, el “ciudadano” que el PRI decidió abanderar para continuar con las reformas de Enrique Peña. Para esta edición del encuentro, Meade le dio toda su confianza al publicista mexicano Carlos Alazraki. Desde el segundo debate lo venía aconsejando y para esta tercera fecha prometió un Meade transformado que habría de sacudir a la nación.

Lo cierto es que durante dos horas y media el público mexicano pudo ver a un hombre acostumbrado a la burocracia que poco domina el arte de la oratoria. Con un discurso prefabricado y que a momentos sonaba robótico, Meade no logró desatar ningún tema importante, polémico o certero que pusiera en aprietos a sus contrincantes Anaya, Obrador o Rodríguez.

Dentro del PRI y el búnker de Meade ya buscan culpables. Por el momento, todo mundo se señala. Existe una parte del partido que considera que el principal error fue lanzar a un “ciudadano” como candidato del partido en el poder. Otros aseguran que el error fue dejar a Aurelio Nuño a cargo de esta candidatura, junto a Ochoa Reza, hombre ya despedido por el propio Meade. Ahora, todos los dedos apuntan a Alazraki.

El publicista ha jugado de forma tan excesiva para hacer de un hombre tímido una figura imponente y mediática como lo fuera Cuauhtémoc Cárdenas, en su momento, o Enrique Peña, que el tiempo se le ha venido encima. De Meade han salido varias personalidades desde que pidió el apoyo de Alazraki. Primero fue el ciudadano, luego el anticorrupción, luego el defensor de las víctimas de la violencia y ahora juega como el economista que puede salvar a México de los destrozos de sus amigos en el poder.

En el tercer encuentro, como es costumbre, Meade se lanzó en contra de López Obrador. En el pasado debate, el priísta logró sacudir un poco al partido del tabasqueño al afirmar que estaban postulando a una senaduría a Nestora Salgado, una mujer que el priísta calificó de “secuestradora”. Con esto, Meade logró subir algunos puntos en las encuestas presidenciales, llegando incluso a pelear el segundo sitio con Ricardo Anaya. Para este tercer encuentro, Meade no figuró como el ganador y desaprovechó la última oportunidad grande que tenía.

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Para el panista Ricardo Anaya, el tercer debate también era importantísimo para vencer la enorme brecha que lo separaba de López Obrador. Con una actitud colérica y una misión por limpiar su imagen en dos horas, el queretano se lanzó de lleno en contra de Meade, alegando que lo enviaría a la cárcel inmediatamente en caso de ganar la presidencia. El priísta no perdió el tiempo intentando ganar el segundo sitio de las encuestas y se lanzó en contra de Obrador, asegurando que tiene algo de culpa en el escándalo de Odebrecht.

Ahora, con el mundial de fútbol a punto de iniciar, el priísta parece ya no tener posibilidades serias de mostrar sus intenciones a los millones de mexicanos que aún no saben por quién votar. Meade tuvo tres oportunidades grandes, más de seis horas en la televisión nacional e internet para convencer a los más de 80 millones de votantes de que el PRI es una buena opción para México, contrario a lo que las mayorías piensan.