Falta de elocuencia de Margarita, su principal obstáculo en debate presidencial

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El primer debate de los cinco candidatos a la presidencia de la república: los representantes de las tres coaliciones y los dos independientes, ha finalizado ya, y los costos de sus errores y aciertos a la hora de desarrollar sus ideas verbalmente, y del planteamiento de sus propuestas, ya puede calcularse. Margarita Zavala, esposa del ex mandatario Felipe Calderón, no salió muy bien librada de todo ello: su falta de elocuencia fue su principal obstáculo.

Desde la primera intervención de la candidata en el debate, que tardó alrededor de veinte minutos, pudimos escucharla titubeante y con dificultad para expresarse. Ante la primera pregunta del segmento, que estuvo dedicado a temas de seguridad, “¿Qué haría usted para implementar una estrategia exitosa de seguridad, en donde todas las demás han fracasado?” Margarita respondió con soltura:

“El eje de mi gobierno será enfrentar a los criminales, será defenderte de los corruptos, de los delincuentes, de Trump, del abuso de los partidos políticos y de las propuestas de López Obrador”, sin embargo, momentos después la candidata tuvo un tropiezo, que se convirtió en un titubeó de varios segundos ante la pregunta directa de la moderadora Denisse Maerker: “usted dice que defenderá a los mexicanos de los delincuentes, pero aquellos quienes delinquen, también son mexicanos”.

Su respuesta aludió directamente a la protección de las familias, a través del fortalecimiento de los valores, y de la “presencia del Estado”; al intentar explicar este polémico punto, la candidata enfrentó prolongados momentos de silencio y de modulación de la voz. El suceso no pasó inadvertido para la audiencia en redes sociales, quienes rápidamente expresaron su descontento.

Maerker, en su papel de moderadora, que le permitía realizar cuestionamientos directos hacia los candidatos, cuestionó a Zavala sobre el estancamiento del presupuesto en las áreas de procuración de justicia, durante administraciones como la de Felipe Calderón: “La situación de seguridad de México ¿se puede resolver con policías, sin tener detrás a una institución que pruebe que quienes son detenidos realmente son responsables?”, preguntó la moderadora.

La candidata se mostró sorprendida por el cuestionamiento, y replicó dificultosamente: “no solo…. No solo eso, primero… tenemos que reforzar a la policía, para que cualquier mamá pueda a decirle a su hija que si tiene miedo se acerque a la policía, y desde luego reforzar mucho el tema de justicia”.

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Concretamente en temas de justicia, la candidata dijo tener tres propuestas claras: reforzar la presencia del Estado en zonas de conflicto, a través del reforzamiento de la policía; reformar el sistema de justicia a través de la creación de una Secretaría de Seguridad Ciudadana, y trabajar de cerca con las familias para ofrecerles valores que apoyen a la pacificación. Los primeros dos puntos de esta propuesta recordaron mucho a las propuestas y a la estrategia de seguridad de su esposo, Felipe Calderón. Por lo que, en su momento, una de las moderadoras, Azucena Uresti, preguntó directamente a la candidata: «Para que no se interpretara su posible gobierno como una reelección de su esposo ¿qué haría usted de concretamente distinto al gobierno de Calderón?”.

A lo que respondió: “porque yo tengo mi propia identidad. Haría las cosas distinto porque… yo sé qué significa que te traten de quitar el nombre y lo digo por las mujeres. Yo tengo mi propia forma de ver la política y mi propia forma de ser”.

La respuesta fue inefectiva en términos argumentativos, en tanto que no ofreció ningún hecho concreto, que pudiera diferenciar claramente su posible mandato respecto del de su marido; y también en términos lógicos, en tanto cometió algo muy parecido a una falacia conocida como ad verecundiam, que pretende legitimar una postura por el simple hecho de que quien la emite tiene autoridad en la materia.

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La reiteración de la calidad moral de la candidata en sus respuestas en temas de Seguridad; o la de Andrés Manuel López Obrador como “un hombre mil veces honesto”, en temas de Corrupción, son un claro ejemplo de este error lógico. Por otro lado, durante el segundo segmento del debate, dedicado al manejo de grupos en vulnerabilidad y combate a la corrupción, la candidata fue enfática en que debería crearse una cárcel especial para los corruptos, una que congregara a lavadores de dinero, trianguladores, prestanombres, etcétera, con los políticos que infrinjan la ley.

«Seré implacable contra los corruptos; hay que cerrar los espacios de corrupción y fomentar valores sólidos. Tenemos que ponerle un fin a la impunidad, y a los abusos de poder, y para ello debemos de darle todos los recursos a la Fiscalía para que realmente sirva, pero debe de ser autónoma, y no sólo la Federal, sino las 32″, dijo Zavala, al tiempo que invitaba a los demás candidatos a ser congruentes respecto de su combate a la corrupción toda vez que ellos mismos, o sus partidos, están involucrados en grandes escándalos de desvío de recursos.

Pero la prueba más fuerte le vino a Margarita de la boca de la moderadora Uresti, que preguntó a Zavala sobre si estaría de acuerdo en que sus hijos se casaran con una persona de su mismo sexo. Margarita respondió que ella cree que el matrimonio debe ser entre hombre y mujer: «pero yo voy a respetar la libertad de todos». Esta respuesta fue condenada por la audiencia como ineficaz, y en todo caso incapaz de dar un atisbo claro sobre su postura en temas de diversidad sexual. 

Fue interesante constatar que durante las intervenciones de Zavala en ese segundo segmento, en las que aludía constantemente a los «grupos minoritarios» o a «grupos en situación de vulnerabilidad», nunca agregó a la comunidad LGBT: mencionó a las mujeres, a los indigenas y a los migrantes, pero nunca a los homosexuales, lesbianas, o transgénero. Esta actitud fue muy similar, pero en el ámbito de la calidad de Margarita como «candidata independiente», que no mencionó una sola vez, a diferencia de Jaime Rodriguez Calderón, quien de manera constante comparaba la «partidocracia» con el modelo de gobierno que él propone, libre de partidismos: una república, incluso, en que el ciudadano común puede mandar un mensaje de texto al presidente, y pueda tener la certeza de que le será respondido.

Zavala no aludió a esta calidad suya de independiente ni una sola vez en el debate, y de ahí que las comparaciones con las posturas de Felipe Calderón fueran una parte importante de los cuestionamientos hacia ella. Las redes sociales hicieron mofa y sátira una y otra vez de estos tropiezos discursivos de la candidata Margarita. Finalizado el debate, fue la primera en salir.