El poder femenino toma las calles de la Ciudad de México

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Este 8 de marzo del 2018, miles de mujeres en todo el mundo salieron a marchar a las principales capitales del planeta. Se unen a la cantidad masiva de protestas femeninas en contra del abuso al 49.6% de la población general. En el país y la Ciudad de México, el caso es alarmante: los índices de feminicidios, violencia, violación, agresión e injusticias laborales hacia las mujeres continúan en ascenso. Por esto, miles de mexicanas salieron a marchar exigiendo igualdad.

La unión femenina marchó en el centro de la capital más poblada del mundo, desde el Ángel de la Independencia hacia el Zócalo central, en donde protestaron por las condiciones de inseguridad e injusticia que se viven a diario en el México de Enrique Peña Nieto. No existía solamente un tema al cual aferrarse. En un país como este, siete mujeres mueren al día víctimas de la violencia machista. Además, durante la última década, las cifras de acoso y abuso sexual en contra de la mujer no ha hecho más que elevarse ante pésimas medidas y estrategias de seguridad de los recientes gobiernos.

Estos abusos se agraven al retirarse del centro del país. En estados como Chihuahua, Veracruz y Michoacán, el destino de las mujeres es aún más incierto. Las muertas de Juárez, las desapariciones de jóvenes durante gubernaturas abismales y los constantes ataques a mujeres pobres han sumido al país en condiciones de injusticia total ante el género femenino. Además, el acoso sexual generalizado se ha convertido ya en una tradición general.

Durante la marcha en la capital mexicana, las mujeres levantaron la voz para contar diversos abusos que viven en la Ciudad de México. Uno de ellos, quizá el más grave, es la constante normalización del acoso sexual en las calles y el transporte público capitalino. Otro más es el de la desigualdad salarial, un problema con décadas de antigüedad que aún permea en la economía femenina.

Entre las participantes se encontraban activistas, adultas mayores, adolescentes, niñas, adultas y muchos medios de comunicación. Entre las mujeres protestantes se encontraban también uniones de discapacitadas, quienes reclaman la falta de oportunidades laborales y los pésimos salarios a los que se enfrentan en el país. Como reclamo general se dedicaron consignas para exigir la aclaración y aparición de las miles de mujeres desaparecidas o asesinadas en México.  

El número es alarmante. En un error, la candidata independiente Margarita Zavala aseguró que el número de feminicidios en México ya es inadmisible, por lo que fue criticada al preguntarle cuánto sería el número admisible de mujeres muertas en el país. Las cifras de mujeres asesinadas por hombres se ha elevado drásticamente durante el sexenio de Enrique Peña Nieto: 10 mil mujeres muertas por violencia machista desde el 2012, señala un estudio.

Las marchas de este 8 de marzo se vivieron en las principales capitales del globo. En España, la unión femenina fue tan grande que derivó en un paro nacional para exigir mejores condiciones de vida, respeto y autonomía femenina en un país aún sumido en el catolicismo conservador. En Buenos Aires y varias capitales europeas, el fervor fue similar y la exigencia fue prácticamente la misma.

En México, sin embargo, los movimientos de empoderamiento y liberación femenino no han corrido con el mismo apoyo que en otras naciones. Un claro ejemplo es el movimiento #MeToo que busca denunciar los casos de abuso sexual y de autoridad en el campo laboral mexicano. Ante las primeras acusaciones, tanto los medios como buena parte de la sociedad hundieron las declaraciones femeninas culpando a las víctimas o dudando de ellas, antes de exigir que se castigara a los culpables.