Leche mexicana que entregan en Venezuela en la caja CLAP es un fraude

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La caja de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) está compuesta en su mayoría por productos de importación, especialmente mexicanos. Se trata de un programa de subsidio de alimentos, que tiene como objetivo garantizar la salud nutrimental de los más pobres en Venezuela, especialmente a sus niños.

El origen de este programa se remonta a 2015, cuando el gobierno de Nicolás Maduro dispuso la entrega de bolsas de comida a los más pobres, por medio de organismos gubernamentales. Esa iniciativa se convirtió recientemente en ley: en un país en donde el 33% de los infantes ya presenta retardo en su crecimiento por desnutrición, un programa como CLAP parece ineludible.

En promedio, el ingreso mínimo de una familia en Venezuela se ubica en los 800,000 bolívares, lo equivalente a cuatro dólares; un paquete de leche entera, en polvo, cuesta entre 600,000 y 300,000 bolívares; en cambio, la leche de la caja CLAP sólo cuesta 25,000.

Sin embargo, el hecho de que sea asequible no quiere decir que sea conveniente para la población venezolana. Los testimonios en las redes sociales están ahí para probarlo: los consumidores se quejan de que es salada, de que causa malestar estomacal, y de que no hace espuma, ¿entonces qué clase de leche mexicana es la que están tomando los venezolanos?

Armando.info, que en coordinación con el diario mexicano Excélsior, realizó una investigación al respecto, llegó a la conclusión de que la leche mexicana que se exporta para los CLAP en Venezuela es un fraude.

Después de realizar un estudio químico a las ocho marcas que con mayor frecuencia componen la caja CLAP: MacLeche, Kosland, Rancho Nuevo, Suprema, KF Milk, Pure Milk, Soy Más y Vita Milk, fue posible constatar que el contenido nutrimental de las mismas está muy por debajo de lo que mandata la norma Covenin 1481, y los parámetros del Instituto Nacional de Nutrición venezolano; aun los de la Norma Oficial Mexicana 155-SCFI-2012.

Entrevistado por Excélsior, Pablo Hernández, profesor de Nutrición Humana en la Escuela de Nutrición de la Universidad Central de Venezuela (UCV) e integrante del Observatorio Venezolano de la Salud (OVS), dice:

Un niño de uno a tres años requiere 700 miligramos al día de calcio. Con 2.5 vasos de leche debería de cubrirse ese requerimiento, sin embargo, si un niño se alimentara con la marca Rancho Nuevo necesitaría 22.1 vasos, con MacLeche 41.3 vasos, con Kosland 24.8 vasos y Suprema 17.6 vasos. Si pretendes que un niño salga de la desnutrición, con esta leche no lo vas a poder hacer, porque, aunque los empaques aseguren que lo es, el cuerpo no se deja engañar y sabe que no es leche”.

Y es que la composición de estos polvos dista mucho de ser nutricionalmente valiosa, incluso puede llegar a ser un líquido peligroso para personas hipertensas, por su alto contenido en sodio; por si fuera poco, los empaques refieren concentraciones de proteína o de calcio que el polvo no contiene, y esconde su excedida concentración de carbohidratos.

Por ejemplo, la leche Kosland, elaborada por la empresa Productos Serel, tiene una concentración de sodio de 600 miligramos por porción, aunque el empaque refiere que trae 370, los máximos recomendados por las normas nutrimentales venezolanas.

Rancho Nuevo, Suprema, KF Milk y Pure Milk están en una situación parecida: sus índices de carbohidratos oscilan entre los 78.45 y 90.94 miligramos por cada 100 de polvo. El Instituto Nacional de Nutrición venezolano, mandata que los niveles máximos de carbohidratos para la leche deben ser de 38 miligramos.

De ahí que los principales reclamos de los consumidores sean que, precisamente, la leche sabe mal, salada, y que cae mal al estómago: causa diarreas. Testimonios recogidos por Armando.info, dejan saber que las madres de niños de entre tres y cinco años, que asisten al hospital J.M Ríos para tratar la desnutrición de sus hijos, no tienen otra opción para sus hijos que la leche CLAP, pero tienen que mezclarla con maicena o fosforo para que no la vomiten o les caiga pesado.

Fuente: Excélsior

Fuente: Excélsior

Fuente: Excélsior

A decir de Nicolás Maduro, las cajas del programa CLAP están compuestas por los mejores productos no sólo de Venezuela sino del mundo; al respecto de las crecientes quejas de los consumidores, y del reportaje de Armando.info, las autoridades de este país no se han pronunciado en manera alguna.

“Ni Freddy Bernal, ministro de Agricultura Urbana y jefe nacional del Centro de Mando y Control de los CLAP, ni la gerencia de control de calidad de Corporación Única de Servicios Productivos y Alimentarios (Cuspal), adscrita al Ministerio de Alimentación, y sucesora de la extinta Corporación de Abastecimiento y Servicios Agrícolas (CASA), contestaron las peticiones de entrevista para este reportaje”, destaca.

La versión de Maduro, no obstante, es derribada por un testimonio anónimo de uno de los proveedores mexicanos: “la leche que están mandando es una verdadera porquería. Pero les hemos ofrecido a los intermediarios venezolanos toda clase de calidades, pero siguen comprando lo más barato: por lo tanto, son tan culpables los vendedores que aceptan producir pura cochinada, como los compradores que pagan por ella”.

De acuerdo con el reportaje, la importación y distribución de este producto fraudulento ha constituido un jugoso negocio: alrededor de 40,000 toneladas de leche en polvo, proveniente de nuestro país, fueron comercializadas y consumidas en Venezuela.

Datos de la Secretaría de Economía confirman que en 2017 se exportaron 56 millones de kilogramos de leche en polvo, por un valor de USD$27,9 millones; esto quiere decir, medio dólar por cada kilo. En el mercado internacional, esa misma cantidad se cotiza alrededor de los tres dólares; sin embargo: “en las facturas de empresas como Group Limited y otras […] el precio al que facturan la leche al gobierno venezolano oscila entre los cuatro y los siete dólares por kilo. Ha sido un jugoso negocio para las empresas e intermediarios, pero a costa de la población de Venezuela”, concluye el informe.

Esta información se da a conocer de forma paralela a la de la crisis de la industria lechera en nuestro país: a pesar de la inflación acumulada los últimos cuatro años, y la variación en el tipo de cambio, Liconsa no ha aceptado pagar más por el producto. Agrupaciones lecheras de Jalisco, Chihuahua, Veracruz e Hidalgo han denunciado que, de no modificar la política de Liconsa, el gremio estaría al borde de la desaparición.